"La buena conciencia es la mejor almohada para dormir." (Socrates)
martes, 1 de octubre de 2013
HASTA PRONTO, SI DIOS QUIERE
¡Prepárate! en Octubre, no dejes de rezar el Rosario
Hagamos un alto en nuestro diario vivir. Quince
minutos tan solo...y con seguridad que el mundo y "nuestro mundo"
será mejor.
Hoy empezamos
Octubre y lo celebramos como el mes del rosario.
Rezar el rosario para algunas personas es un tiempo desperdiciado en una letanía de repetidas oraciones, que en la gran mayoría, están dichas de una manera distraída y maquinalmente. Pero no es así. El hecho de ponernos a rezarle ya es un acto de amor a la Madre de Dios. Es una súplica constante y repetida para pedir perdón y rogarle por nosotros y por todos los hombres en el presente y también en la hora de la muerte. Rezar el rosario es meditar en los Misterios de la Vida de Cristo, de suerte que el rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos, los momentos luminosos y transcendentales y glorificación del Señor, siempre acompañado de los momentos de grandeza de la Santísima Virgen, su Madre, siendo así una síntesis de su obra Redentora. Rezar el rosario es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aún las menos instruidas y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y contemplación. El Padrenuestro con el que se empieza cada Misterio es la oración que Cristo nos enseñó y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse de repetirlo. En cuanto el Avemaría, toda ella está centrada en el Misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho Misterio. Aunque en el Avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse en Ella y hacerse hombre para su Misión redentora. La Santísima Virgen en sus repetidas apariciones , siempre ha sido la súplica más importante que en sus mensajes nos ha dado. Ella nos ha pedido que recemos el rosario. Ella nos lo pide insistentemente porque tiene su rezo un GRAN VALOR. Quiere que repitamos una y otra vez la súplica, la alabanza, con la esperanza puesta en su gran amor por toda la Humanidad. Tal vez, por lo repetitivo del rezo, como decía Santa Teresa, la "loca de la casa", nuestra mente, se nos vaya de aquí para allá en pertinaz distracción, pero aún así nuestro corazón y nuestra voluntad está puesto a los pies de la Madre de Dios, y esas Avemarías son como el incienso que sube en oscilantes volutas hasta el corazón de nuestra Madre la Virgen Santísima. Nuestro mundo se está olvidando de rezar. Tenemos fe, creemos en Dios pero no hablamos con El. El mundo actual, ahora más que nunca, necesita de muchos rosarios. Hagamos un alto en nuestro diario vivir. Quince minutos tan solo...y con seguridad que el mundo y "nuestro mundo" será mejor. |
Autor: Ma
Esther de Ariño.
lunes, 30 de septiembre de 2013
SCALFARI SÍ TIENE QUIEN LE ESCRIBA
Autor: Pablo Cabellos
Llorente
Han pasado más de cincuenta años desde que García
Márquez publicó su novela "El Coronel no tiene quien le escriba", narración de la historia de un militar
jubilado que pasa sus días esperando la carta
anunciadora del cobro de una pensión jamás recibida. Por asociación de
ideas, seguramente, he recordado el título de esta novela, al pensar en la
carta escrita por el Papa Francisco al fundador del diario italiano La
Repubblica, quien de algún modo había expresado la necesidad de respuestas en
dos artículos publicados en su periódico haciendo al Papa un rimero de
preguntas sobre la Fe a propósito de la encíclica Lumen Fidei. Sin embargo, tal
vez Scalfari estuviera menos esperanzado en una respuesta, que llegó, que el
Coronel de García Márquez siempre con la expectativa de una contestación nunca
recibida.
El Papa
escribe sobre dos circunstancias que hacen necesario y fructífero el
dialogo: la
primera es la separación ente razón y fe
derivada de que, a lo largo de los siglos de la modernidad, se produjo una
paradoja: la fe cristiana, cuya novedad e incidencia sobre la vida del hombre desde el principio han sido
expresadas precisamente a través del símbolo de la luz, a menudo ha sido
calificada como la oscuridad de la superstición que se opone a la luz de la
razón. Así, entre la Iglesia y la cultura de inspiración cristiana por una
parte, y la cultura moderna de carácter iluminista, por otra, se ha llegado a la incomunicación.
El Papa recuerda que ya el Vaticano II comenzó a romper esa distancia y
agradece a Scalfari la oportunidad de diálogo que le ofrece alguien que se
define como" un no creyente por muchos años, interesado y fascinado por la
predicación de Jesús de Nazaret".
La segunda circunstancia, para
quien busca ser fiel al don de seguir a Jesús en la luz de la fe, viene del
hecho de que este diálogo no es un accesorio secundario de la existencia del
creyente: es en cambio una expresión íntima e indispensable. Permítame citarle
una afirmación en mi opinión muy importante de la Encíclica: visto que la
verdad testimoniada por la fe es aquella del amor –subraya– "está claro
que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al
otro". El creyente no es arrogante; por el contrario, la verdad lo hace
humilde, consciente de que, más que poseerla nosotros, es ella la que nos
abraza y nos posee. "Lejos de ponernos rígidos, la seguridad de la fe nos pone
en camino, y hace posible el testimonio y el diálogo con todos" . Este es
el espíritu que anima las palabras que le escribo.
Francisco escribe mucho más,
pero permítaseme detenerme aquí para subrayar, en primer lugar, el modo
positivo con el que el Papa busca el encuentro en lo que, de momento, les une:
la fascinación por Cristo. Sin renunciar en modo alguno a la fe de la Iglesia,
es más, recordándola amablemente cuando es preciso, sale al encuentro de un muy
conocido periodista, tanto por su trabajo como por su fama de anticlerical. Es
una salida del Papa a las periferias de la fe, un ejemplo de cómo debemos
acercarnos, con cariño y respeto a quienes
no profesan nuestra mismas creencias.
Ya Juan Pablo II y Benedicto
XVI buscaron ahondar en la primera de las citadas circunstancias, el
distanciamiento entre fe y razón en base al pensamiento en una Iglesia oscura y supersticiosa.
Bastaría recordar el empeño mostrado por Juan Pablo II con la encíclica Fides
et Ratio o extraer del enorme caudal del Papa Emérito el esfuerzo realizado en
pro de esas justas relaciones en reiterados momentos que tal vez tienen su
cumbre en los discursos pronunciados en la Universidad de Ratisbona, ante el
Parlamento alemán, en el Colegio Des Bernardins de París y lo manifestado al
Parlamento y sociedad británicos.
Indudablemente, el empeño de
Francisco no es nuevo pero lo es la forma. Si Scalfari ha tenido quien le
escriba, además ha tenido un remitente absolutamente excepcional. Es la primera
vez que un Papa se dirige a un periódico de forma directa. Y de ahí hemos de
extraer consecuencias todos los católicos y cualquiera que prefiera el diálogo
a la pedrada. Si Francisco habla de salir a las periferias, es muy útil, pero
si él mismo lo hace tanto yendo al puerto de Lampedusa donde desembarcan muchos
emigrantes ilegales -para denunciar "la globalización de la
indiferencia"-, como escribiendo en un periódico de ese talante para
tender puentes amables, seguro que algo hemos de cambiar en nosotros, en
nuestro modo de acercarnos a la gente, en la manera de exponer positivamente la
fe traída por Cristo.
Ni el diálogo es un accesorio
para el católico ni la fe que testimonia el amor puede ser intransigente. Ya
escribió Benedicto XVI que no somos poseedores de la verdad sino que, todo
caso, la verdad nos posee a nosotros y la ofertamos -saliendo a los caminos- desde
la humildad, sin arrogancia, pero saliendo como hace Francisco. Dijo en Brasil
que Cristo "no balconea".
JUSTICIA, DERECHO, PAZ
Autor: Pablo Cabellos
Llorente
Vamos a comenzar, una vez más, con la vieja definición de
Ulpiano sobre el Derecho: dar a cada uno lo suyo, o por recordar los tres
pilares en los que el jurista romano lo apoya: Honeste
vivere, alterum non laedere, cuique suum tribuere -Vivir
honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo. Me han venido a la
mente estos sabios principios, ante el peligro de agrandar la ya triste guerra
en Siria.
El Papa Francisco no ha dudado un
momento en oponerse a la intervención de Estados Unidos y ha convocado para el
día en que escribo una jornada de ayuno y oración para rogar por la paz. Me he
preguntado en cuál de las tres columnas se apoya el presidente Obama para
intervenir en el citado país. ¿Es honesto intervenir sin ninguna autorización
internacional en una nación que no es la propia? ¿Quién le ha dotado de tal
capacidad? ¿Cómo se asegura que no daña a inocentes? ¿De qué modo decide el
derecho que cada uno tiene a recibir lo suyo?
En el famoso discurso de Benedicto XVI
al Parlamento Federal de Alemania, afirmaba que la política debe ser un
compromiso por la justicia para crear las condiciones básicas de la paz. Otra
forma de actuar abriría la puerta a la desvirtuación del derecho y a la
destrucción de la justicia. El Papa emérito citaba una frase fuerte de san
Agustín: "Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una
banda de bandidos?" Como era evidente, citaba el caso de su propio país en
la época nazi.
Justicia, Derecho y Paz son tres conceptos
íntimamente unidos, pero ¿cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos
distinguir entre el bien y el mal, entre el verdadero derecho y el derecho sólo
aparente? No sin razón, se hacía también estas preguntas el Papa Ratzinger,
porque las respuestas son decisivas para la justicia y la paz. Es casi
universal la protesta contra los deseos de Obama, pero ¿no hemos relativizado
todo de tal modo que cada uno acaba haciendo, y dando por bueno, aquello que le
es posible realizar?
Contrariamente a lo que han hecho otras
religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un
derecho revelado. Cosa bien distinta han sido los estados confesionales. Desde
la vinculación precristiana entre derecho y filosofía se inició un camino que lleva,
a través de la Edad Media cristiana al desarrollo jurídico de la Ilustración,
hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Pero se ha perdido
el Derecho Natural, considerado algo puramente católico y hasta vergonzoso en
el propio término. ¿No estará ahí, en la propia naturaleza humana, la base del
derecho a vivir honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo?
Los ángeles del cielo
Servidores de Dios
y amigos de los hombres: así son los ángeles.
¿Qué son los ángeles? Espíritus que contemplan a
Dios y que viven en medio del misterio. Espíritus que participan de la alegría
divina y colaboran en sus planes sobre los hombres débiles y necesitados de
ayuda y protección.
Por eso los ángeles sufrirán, de algún modo que no podemos imaginar, al ver que
hay corazones que se cierran al amor o pierden la esperanza. O se alegrarán
profundamente cuando vean que otros corazones lloran por sus pecados e inician
el camino del regreso al Amor de Dios.
El Evangelio nos habla de fiestas y gozo entre los ángeles por cada pecador
convertido. Cada vida es importante para Dios, es observada por los ángeles, es
bendecida de mil formas por compañeros celestes que nos invitan a soñar en el
cielo que nos espera.
Dios desea que algunos ángeles intervengan en nuestras vidas. Por eso en la
Biblia encontramos la narración de presencias angélicas. Especialmente bella
resulta la salida de san Pedro de la cárcel, guiado por un ángel. Ya en la
calle exclama fuera de sí: "Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor
ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que
esperaba el pueblo de los judíos" (Hch 12,11).
Es muy conmovedora la historia de Tobit y de su hijo Tobías, a los que Dios
envió el arcángel Rafael. Sólo al final, cuando Tobías ha podido contraer
matrimonio con Sarra, y cuando Tobit ha recuperado la vista, los dos descubren
que habían sido ayudados por un ángel.
El mismo Rafael les explica cómo había intervenido en sus vidas:
"Cuando tú y Sarra hacíais oración, era yo el que presentaba y leía ante
la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones. Y lo mismo hacía cuando
enterrabas a los muertos. Cuando te levantabas de la mesa sin tardanza, dejando
la comida, para esconder un cadáver, era yo enviado para someterte a prueba.
También ahora me ha enviado Dios para curarte a ti y a tu nuera Sarra. Yo soy
Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a
la Gloria del Señor" (Tb 12,12-15).
Rafael añade inmediatamente, para tranquilizar a sus amigos, estas palabras
llenas de afecto: "No temáis. La paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por
siempre. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia
vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él
debéis cantar. Os ha parecido que yo comía, pero sólo era apariencia. Y ahora
bendecid al Señor sobre la tierra y confesad a Dios" (Tb 12,17-20).
Servidores de Dios y amigos de los hombres: así son los ángeles. Las palabras
de Rafael nos llenan de alegría y esperanza. Con la ayuda angélica podemos
descubrir el amor de Dios y recibir una fuerza concreta, oportuna, en tantas
pruebas de la vida.
Por eso hemos de sentirnos invitados a dar gracias a Dios, porque no deja sin
recompensa ningún gesto de amor que podamos ofrecer a los hermanos nuestros más
necesitados. Porque nos envía, en ocasiones totalmente inesperadas, un ángel
que rompa nuestras cadenas y nos lleve a descubrir lo inmensamente bello que es
el Amor del Padre de los cielos.
Autor: P. Fernando Pascual LC.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Pedro Casquero Agundez
Carta
que ha sido publicada en el Diario regional Hoy de 29 de Septiembre en su sección
Obituario, página 27.
Para
adaptarla al tamaño máximo admitido, como podrán comprobar, le ha cortado un
par de párrafos, que si aparecen en esta que le reproduzco, al ser el original.
Nacido el diez de octubre de 1.951 en Puebla de Obando,
pueblo extremeño, que se sitúa en el ámbito de las Sierras de Loriana y el
Vidrio a mitad del camino entre las capitales de Cáceres y Badajoz.
Miembro de una familia integrada por cinco hermanos, a quienes
siempre permanece unido y lo que le hace ser un gran hijo y un buen hermano. Desde
edad temprana comienzan a resaltar sus virtudes y valores que poco a poco lo
fueron curtiendo y hacen de él la gran persona, que los que lo hemos conocido,
nos sentimos muy muy orgullosos de él.
En el año 1977 contrae Matrimonio con una gran Mujer, Isabel,
quien más tarde fue un ejemplo como Esposa y
Madre, fruto de este matrimonio nacen sus dos hijos Conchi y Manuel,
este último era un niño muy especial, por el que se desvivieron y fue todo un
ejemplo de padres, como el de su hermana Conchi.
Cabe destacar la figura de la Madre, tranquila, fuerte,
alegre y entregada plenamente a su hijo Manuel, demostrando una gran capacidad
de trabajo. Dios quiso llevárselo en plena juventud, lo que hoy le hará estar
al lado de su Padre.
Hace un año su hija Conchi le hizo abuelo, mayor felicidad
imposible, estaba pletórico con su linda Nieta.
Su carrera profesional se desarrolla en el Complejo
Hospitalario Infanta Cristina, comenzando en el año 1976, done destaca de principio a fin, es un
trabajador incansable, para el no existía horario, cuantas veces en mis
guardias localizadas como Informático, he ido a las cinco o las seis de la
mañana y allí estaba Pedro trabajando, así y
desde hace ya muchos años, ocupaba el puesto de Jefe de Servicio de
Contabilidad, puesto ganado a base de trabajo y de tesón, y no haber abandonado
jamás su formación.
Era un hombre muy muy querido por todos los integrantes del
Complejo Hospitalario.
Espero y deseo que el Servicio Extremeño de Salud, aun cuando
sea a título póstumo, sepa premiar y distinguir
de alguna manera, su entrega total a esa Institución.
Llevaba también la administración de la Farmacia de la Madre
de otro gran Amigo, Javier Blanco, desgraciadamente también fallecido. Las
cuatro o cinco personas que integran la plantilla de esa Farmacia, lo han
querido siempre y lo tenían como algo muy suyo, muy en especial Leonor la joven
Farmacéutica a la que él le tuvo siempre, un cariño muy especial, cierto es,
que con todo merecimiento.
Pedro tenia, grandes virtudes y valores, entre lo que solo
voy a destacar aquellas que de una manera notoria, a todos nos han llamado la
atención.
Su humildad, su bondad y algo que sobresalía por encima de
todo, era su gran afán de ayudar a los demás, pero sin aspavientos, de una
manera lo más silenciosa posible, eso sí, sin escatimar esfuerzo, por ayudar al
que fuera, esto fue siempre digno del mayor elogio.
Pedro siempre tenía una sonrisa para regalar, ante cualquier
adversidad, siempre sabia sacarle la parte positiva, su carácter tranquilo, su
inmensa bondad, hacían sentirte seguro a su lado.
Ese afán de ayudar, se manifestaba también, cuando alguien
tenía algún problema y llevado por esa confianza, que todos tenían en él, se le
consultaba y el siempre respondía “tranquilo que todo tiene solución” sus sabios, tranquilos y acertados consejos,
te obligaban a ver las cosas de otra manera.
La muerte repentina,
estando de vacaciones en Marbella, concuerda con su humildad, su
sencillez y el querer hacer las cosas en silencio, pues como digo, hasta su
muerte ha sido así. ¡¡Qué gran persona se nos ha ido!! ¡¡Qué gran Esposo!! ¡¡Qué gran Padre!! ¡¡Qué
gran Abuelo!! Y para mí, ¡¡Inmejorable amigo!!
Su muerte,
nos ha quedado a todos aturdidos, con un inmenso dolor, era tan gran hombre,
tan inmejorable persona, que deja tal vacío en nuestros corazones, imposible de volver a llenar.
Decía
yo en una carta que le dirigí, al día siguiente de su muerte: “Si
pudiéramos hacer una escalera con todas las personas a las que has ayudado,
llegaríamos al Cielo.
Pero a Dios no le hace falta la
escalera y ya te tiene a su lado y junto a su hijo Manu, a quien tanto quiso,
desde aquí, donde tantísimas veces hemos estado juntos y mirando hacia arriba
solo me resta enviarte un gran abrazo de todos los que le hemos conocido y
decirte: ¡¡¡Pedro seguiremos siendo amigos!!! “
Manuel
Murillo Garcia
¡Madre, danos tu mirada!
¡Llevemos al
corazón de Dios a través de María, toda nuestra vida, cada día!
Autor: SS Francisco.
Fragmento de la
homilía del Papa Francisco en la Santa Misa en el Santuario de Nuestra Señora
de Bonaria. 22 septiembre 2013
En (Cfr. Hc 1, 12-14) nos muestra a María en oración en el Cenáculo, junto a
los Apóstoles, en espera de la efusión del Espíritu Santo (Cfr. Hc 1, 12-14).
María reza, reza junto a la Comunidad de los Discípulos y nos enseña a tener
plena confianza en Dios, en su misericordia. ¡La potencia de la Oración! No nos
cansemos de llamar a la puerta de Dios. ¡Llevemos al corazón de Dios a través
de María, toda nuestra vida, cada día!
Jesús nos confía a la custodia materna de su Madre, en cambio, en el Evangelio,
acogemos sobre todo la última mirada de Jesús hacia su Madre. Desde la cruz,
Jesús mira a su Madre y a ella le confía el Apóstol Juan, diciendo: "Éste
es tu Hijo". En Juan estamos todos, también nosotros, y la mirada de Amor
de Jesús nos confía a la custodia materna de su Madre. María habrá recordado
otra mirada de Amor, cuando era una jovencita: la mirada de Dios Padre, que
había mirado su humildad, su pequeñez. María nos enseña que Dios no nos
abandona, puede hacer grandes cosas también con nuestra debilidad. ¡Tengamos
confianza en Él! Llamemos a la puerta de su corazón.
Encontremos la mirada de María, porque allí está el reflejo de la mirada del
Padre que la hace Madre de Dios, y la mirada del Hijo desde la cruz, que la
hace Madre nuestra. Y con aquella mirada hoy María nos mira.
Tenemos necesidad de su mirada de ternura, de su mirada materna que nos conoce
mejor que cualquier otro, de su mirada llena de compasión y de cuidado. María,
hoy queremos decirte: ¡Madre, danos tu mirada! Tu mirada nos lleva a Dios, tu
mirada es un don del Padre bueno, que nos espera en cada encrucijada de nuestro
camino. Es un don de Jesucristo en la cruz, que carga sobre sí nuestros
sufrimientos, nuestras fatigas, nuestros pecados. Y para encontrar este Padre,
lleno de amor, hoy le decimos: ¡Madre, danos tu mirada! Lo decimos todos
juntos: ¡Madre, danos tu mirada!
En el camino, muchas veces difícil, no estamos solos, somos tantos, somos un
pueblo, y la mirada de la Virgen, nos ayuda a mirarnos entre nosotros de modo
fraterno. ¡Mirémonos de un modo más fraterno! María nos enseña a tener esa
mirada que busca acoger, acompañar, proteger. ¡Aprendamos a mirarnos, los unos
a los otros, bajo la mirada materna de María! Hay personas que instintivamente
no tenemos en cuenta, y que sin embargo tienen más necesidad: los más
abandonados, los enfermos, aquellos que no tienen de qué vivir, aquellos que no
conocen a Jesús, los jóvenes que están en dificultad, que no tienen trabajo. No
tengamos miedo de salir y mirar a nuestros hermanos y hermanas con la mirada de
la Virgen. Ella nos invita a ser verdaderos hermanos. Y no permitamos que
alguna cosa o alguno se interponga entre nosotros y la mirada de la Virgen.
¡Madre, danos tu mirada! ¡Que ninguno nos esconda tu mirada! Nuestro corazón de
hijos sepa defenderla de tantas palabras que prometen ilusiones; de aquellos
que tienen una mirada ávida de vida fácil, de promesas que no se pueden
cumplir. Que no nos roben la mirada de María, que está llena de ternura. Que
nos da fuerza, que nos hace solidarios entre nosotros. Digamos todos: ¡Madre,
danos tu mirada!
sábado, 28 de septiembre de 2013
El dolor es un reloj
La explicación del
dolor, el porqué de la enfermedad, la incógnita del sufrimiento es una: el
amor.
El dolor es un reloj. Es algo lleno de ingenio
que sirve para partir el tiempo en una enormidad de trozos pequeños, muy
pequeños. Es algo realmente útil, porque con sus dos agujas divide las horas de
alegría y las de abatimiento. El dolor puede ser muy perjudicial, si no se vive
bien. El dolor es mágico, porque una hora puede transformarse en sesenta
minutos de aflicción o en segundos de dicha.
Examinemos algunos relojes que han dado la hora correctamente. Algunos, al
inicio, se retrasaron. Pero después han funcionado con la fidelidad del cuarzo.
No podría valorar el precio de estos quilates...
Recuerdo el testimonio del doctor Vallejo-Nágera. Le habían diagnosticado una
úlcera de duodeno. Le hicieron volver todos los lunes. Después de una revisión
más profunda, le dijeron:-Tienes un cáncer de la cabeza del páncreas-.
-¿Es operable?
-Por la metástasis en el hígado no lo juzgamos conveniente.
-¿Y quimioterapia?
-Lo hemos consultado y no hay ninguna adecuada.
¿Entonces?
-Esto puede durar unos meses... Podrás llevar una vida de cierta actividad en
este tiempo.
Días después mandaron el expediente a Houston, para mayor tranquilidad. No
había nada que hacer. Juan Antonio continúo su vida normal, pero en otra
dimensión. Hacía menos cosas, pero mejor, con más gravedad.
Un periodista y amigo suyo recogió el siguiente testimonio:
"Religiosamente estaba un poco descuidado. Tenía una buena formación, pero
con una práctica moderada. Y, sin embargo, sin ningún mérito por mi parte. Al
oír eso del cáncer me vino instantáneamente una gran serenidad y pensé: Dios
mío, muchas gracias, me has mantenido hasta los sesenta y tres años con una
vida sumamente agradable; he tenido ocasión de situar a mis hijos; ya está
casada la menor; no me queda nada importante en la vida por resolver y has
hecho el favor de avisarme".
Otro reloj. Es el caso de "Lolo". ¿Quién sabe si en unos años no lo
invocaremos como San Lolo Garrido? Su historia es muy luminosa. A los 22 años,
recién terminados sus estudios de magisterio, una enfermedad comenzó a
paralizar su cuerpo. Sus días transcurrían en una silla de ruedas. Le entró una
fiebre literaria: leía libros y devoraba artículos. Escribió. Cuando se le
paralizó la mano derecha, aprendió a escribir con la izquierda. Al perder
incluso la sensibilidad en ésta, pidió que la amarraran una pluma a su mano
insensible con una cuerdita. Quería seguir escribiendo. Lolo no perdía el buen
humor: "Señor, ahí tienes mi pila de revistas. Y si no te valen, que los
ángeles las vendan como papel de envolver".
Luego la enfermedad le llegó a los ojos. Al quedar ciego, grababa sus libros.
En los últimos 10 años de su vida publicó nueve libros. Su testimonio
constituye un canto a la dignidad del dolor y del sufrimiento. Estoy seguro que
estas palabras le acompañaron en la cabecera de su lecho de dolor e iluminaban
más su alma que las miradas de los visitantes. Estas frases bien valen un marco
o una estatua: "¡Señor, líbrame de esta tentación de apreciar el tiempo de
la enfermedad como un período estéril y sin valor! Una vida de enfermo no es
una vida fracasada. Aceptar mi enfermedad, ofreceros alegremente mi
sufrimiento, esto no demanda más que un momento".
La silla de ruedas, la cama. El misterio de encontrarse con uno mismo. El
dolor, la enfermedad valen no tanto por lo que quitan, sino por lo que dan.
El dolor es un misterio, como la misma vida de las personas. Nunca lograremos
explicarnos totalmente a nosotros mismos, nunca nos comprenderemos. La
explicación del dolor, el porqué de la enfermedad, la incógnita del sufrimiento
no es una respuesta abstracta. Yo sólo encuentro una: el amor.
No cabe duda de que la enfermedad y el sufrimiento siguen siendo un límite y
una prueba para la mente humana, algo así como un tapón para el corazón. Sin
embargo, quienes lo han vivido han aumentado su estatura humana.
Todos sufrimos y de muy diversas maneras. La enfermedad y las dolencias se
compran en cualquier rincón de nuestro mundo. Uno sufrirá un infarto, otro un
cáncer. A alguna la nostalgia y el desaliento le enredarán entre sus telarañas.
Los que sigamos, nos haremos viejos. Nos dolerá la espalda, perderemos la
memoria... Pero la paz y la vida están seguros. Un Hombre ha roto la piedra del
sepulcro y ha dado sentido a la vida. Desde ese momento se han sincronizado
todos los "relojes".
Autor: Marcelino de Andrés y
Juan Pablo Ledesma
viernes, 27 de septiembre de 2013
En el mundo… el dolor del hombre
Jesús, te quedaste
en la Eucaristía, ahí precisamente porque sabías que en el mundo... hay dolor.
¡Vaya que si lo hay!
Hoy hay sombras en la Capilla...quizá sea porque
está atardeciendo...
Tu, Jesús, estás como siempre, silencioso en tu eterna espera....pero tienes el
oído atento para todo el que llega, para todo el que te quiere decir
algo....penas, anhelos, sueños, alegrías y tristezas....Tu corazón abierto está
para quién a ti llega....y yo se que te quedaste ahí precisamente porque sabías
que en el mundo... hay dolor. ¡Vaya que si lo hay!
En muchas ocasiones este dolor es provocado por el hombre mismo: terrorismo,
rencores, odios, venganzas, ambiciones, ansias de poder con el juego sucio y
mal intencionado que no se detiene ante nada y llega hasta el crimen... niños
que desean vivir y nunca lo harán. Siembra de dolores que parecería no tener
límites...
Pero también el hombre sufre por enfermedades incurables y por cataclismos de
la naturaleza: terremotos, tifones, lluvias torrenciales que desbordan ríos y
rompen presas, fuegos que empiezan por una chispa y se incrementan destruyendo
todo lo que alcanza y esto podría ser una lista interminable de dolor y de
muerte que constantemente vemos que hay sobre la tierra.
Y el hombre, todos nosotros, Señor, nos preguntamos ¿por qué?
Y esta es una pregunta difícil de contestar...
En silencio te miro Jesús, cierro los ojos y espero...
Pienso en este Planeta donde vivimos... él es como es....tiene nieves que se
desploman y forman aludes, tiene lluvias que desbordan ríos, tienen vientos que
por circunstancias atmosféricas se convierten en ciclones, tiene movimientos
telúricos de acomodación de su corteza terrestre que a veces son sismos
catastróficos y mortales, tiene volcanes que están activos y de hecho han
llegado a hacer erupción destruyendo a ciudades enteras.
En ese vaivén de acontecimientos vivimos desde que apareció el hombre sobre el
planeta Tierra y sabemos que nuestra existencia está sobre la fragilidad de lo
que es hoy y mañana no.
Pero para todos los sufrimientos hay una luz en el túnel negro y angustiante
del dolor... y tu, mi Señor, me lo estás diciendo: Esa luz está en el misterio
de tu Cruz. Tu Cruz permanecerá mientras el mundo gire.
¿Podrías tu Señor, digamos justificarte ante la Historia del hombre, tan llena
de sufrimientos, de otro modo que no fuera poniendo en el centro de esa
"historia" TU CRUZ?
Tu, además de ser Omnipotente, infinitamente Sabio, infinitamente Justo, no
eres el Absoluto y Poderoso que está "fuera del mundo" y al que por
lo tanto le es indiferente el sufrimiento humano porque eres... AMOR.
Y por "ese " AMOR, te pones, en libre elección, al servicio de las
criaturas.
Si en la historia de la humanidad está presente el sufrimiento, entiendo
entonces por qué tu omnipotencia se manifestó con la omnipotencia de la
humillación mediante la Cruz.
Mi amado Jesús Sacramentado, El escándalo de tu Cruz
- decía el Papa Juan Pablo II en su maravilloso libro "En el umbral de la
esperanza"- sigue siendo la clave para la interpretación
del GRAN MISTERIO DEL SUFRIMIENTO, que permanece de modo tan integral a la
historia del hombre
Ya ha caído la noche. Yo te miro, Tu me miras.... siento la humedad de las
lágrimas en los ojos cuando te digo:
Gracias, Señor, por esa Cruz... por tu cruz, que nos redime y que nos da la
fuerza para seguir...
¡AUNQUE EL DOLOR NOS ALCANCE!
Autor: Ma Esther De Ariño.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Dios camina con nosotros
Y esto la Iglesia
Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son compañeros de camino, hacen la historia
con nosotros.
Autor: SS Francisco.
"Vamos alegres a la casa del Señor",
El sacramento no es un rito mágico, sino el encuentro con Jesús que nos espera.
Jesús nos espera siempre, esta es la humildad de Dios.
En la historia del Pueblo de Dios, hay "buenos momentos que dan
alegría", y también momentos malos "de dolor, de martirio, de
pecado"
Y sea en los momentos malos, como en los buenos tiempos, una cosa es siempre la
misma: ¡el Señor está allí, nunca abandona a su pueblo! Porque el Señor, aquel
día del pecado, del primer pecado, ha tomado una decisión, hizo una elección:
hacer historia con su pueblo. Y Dios, que no tiene historia, porque es eterno,
ha querido hacer historia, caminar cerca de su pueblo. Pero más aún:
convertirse en uno de nosotros, y como uno de nosotros, caminar con nosotros,
en Jesús. Y esto nos habla de la humildad de Dios.
He aquí, pues, que la grandeza de Dios, es su humildad: Ha querido caminar con
su pueblo. Y cuando su pueblo se alejaba de Él por el pecado, con la
idolatría", Él estaba allí" esperando. Y también Jesús, viene con
esta actitud de humildad. Él quiere caminar con el pueblo de Dios, caminar con
los pecadores; incluso caminar con los soberbios. El Señor, dijo, ha hecho
mucho para ayudar a estos corazones soberbios de los fariseos.
Dios siempre está listo.
Dios está a nuestro lado.
Dios camina con nosotros, es humilde, siempre nos espera. Jesús siempre nos
espera. Esta es la humildad de Dios. Y la Iglesia canta con alegría esta
humildad de Dios que nos acompaña, como lo hacemos con el Salmo: Vamos alegres a la casa del Señor
Vamos con alegría porque Él nos acompaña, Él está con nosotros. Y el Señor
Jesús, incluso en nuestra vida personal nos acompaña: con los sacramentos. El
sacramento no es un ritual de magia: se trata de un encuentro con Jesucristo,
nos encontramos con el Señor. Es Él quien está al lado de nosotros y nos acompaña".
Jesús se hace "compañero de camino". También el Espíritu Santo, nos
acompaña y nos enseña todo lo que no sabemos, en el corazón y nos recuerda todo
lo que Jesús nos enseñó. Y así nos hace sentir la belleza del buen camino.
Y esto la Iglesia Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son compañeros de camino,
hacen la historia con nosotros.
lo celebra con gran alegría, incluso en la Eucaristía, donde se canta el amor
tan grande de Dios que ha querido ser humilde, que ha querido ser compañero de
viaje de todos nosotros, que ha querido también Él hacerse historia con
nosotros.
Y si Él entró en nuestra Historia, entremos también nosotros un poco en la
historia de Dios, o por lo menos pidámosle la gracia de dejar escribir nuestra
historia por Él: que Él escriba nuestra historia. Es algo seguro.
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