FICHA DE FORMACIÓN: ENERO DE 2026
LA VIRGEN MEDIANERA
Un ejemplo de mediación. Un hijo se va de la casa paterna con gran disgusto de sus padres. Después de un tiempo (nos recuerda al hijo pródigo de la parábola), vuelve al hogar. El padre no le quiere recibir. Interviene la madre y con su solicitud amorosa logra que el hijo se reintegre a la familia. Este ejemplo nos recuerda muchas situaciones parecidas, como la reina Ester ante el rey Asuero, o la misma Virgen María en las bodas de Caná.
Santa Catalina, en la aparición del 27 de noviembre, dice que la Virgen tenía en sus manos un globo dorado, rematado con una cruz, un globo que representa al mundo entero, en especial a Francia y a cada persona en particular; poco antes de morir, en conversación con su superiora, añadió: “mientras viva, diré siempre que así se me apareció la Virgen”.
En el manuscrito de 1841 ya había dicho: “los rayos que salían de las piedras preciosas (de los anillos de sus manos) resplandecían por todas partes y llenaban toda la parte baja”. No todo pudo ser expresado en la medalla, por lo cual tuvo que insistir en la imagen omitida de la Virgen con el globo en sus manos. Ella, como dirá más tarde el P. Fiat, “se resignó, si bien con pena, a aceptar la medalla tal y como la habían hecho”.
Un autor, Stanislaw Rakozy, en referencia al globo en las manos y a la semiesfera de los pies, comenta: “La misión de María aparece en dos aspectos: 1º Ella se dirige en nombre de la humanidad al Señor (le ofrece el globo), 2º En nombre del Señor se dirige a la humanidad (distribución de gracias)”. La Virgen con el globo en las manos y la esfera a sus pies, aparece como medianera. La que Dios pone en medio para darnos su gracia. Los escritores bíblicos fueron mediadores y fueron medio para darnos las palabras reveladas de Dios.
Quienes recuerdan que “solo Jesucristo es el mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,5), están en lo cierto y en la fe católica. La Virgen María no es “mediadora” como lo es él, lo es por participación de la mediación del Hijo. Oponer esas dos mediaciones es un sinsentido, es como oponer la luz del sol y la de las estrellas. Es la misma, dada de distinta manera. Y para resaltar el sol, no es preciso apagar las estrellas.
Jesús es la luz del mundo, pero también dice que sus discípulos son la luz del mundo (Mt 5,14). Quienes para resaltar a Jesucristo quieren apagar a la Virgen María, terminan oscureciendo a Cristo, pues ella es la mejor obra de Jesucristo y el oficio de ella es dárnoslo. María es también buena noticia sobre Dios. Con su ser y su mediación nos enseña que a Dios le gusta trabajar en equipo con nosotros. Como decía san Vicente de Paúl: “el Hijo de Dios se hizo hombre no solo para que nosotros fuéramos salvados, sino también salvadores con él”. Y la Virgen María, ¿sería menos salvadora con él que los demás discípulos y seguidores?
El fundamento y la grandeza de la mediación de María está en que es la madre del Redentor, cooperó con su asentimiento a la regeneración de los creyentes. Es la madre espiritual dada por Jesús en la cruz. Asunta al cielo, ejerce su función maternal en la Iglesia: “de intercesión y de gracia, de súplica y de perdón, de reconciliación y de paz” (Prefacio). Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora (Lumen Gentium, 62).
Por todo esto, hemos de acudir a María como nuestra abogada, intercesora, mediadora. ¡Cuántas veces lo hemos experimentado en la vida! En situaciones personales, familiares, sociales. María nos enseña con su ejemplo la comunión y la solidaridad entre los hombres. Ella pide y reparte. Es un signo, un lenguaje para nuestro tiempo, invadido de egoísmo, individualismo, indiferencia, competitividad y desigualdades.
Nos enseña también María nuevas perspectivas de la mediación: modelo de virtudes personales, apostólicas, morales, de madre y mujer. Vivir la común-unión con todos, sin enemistades, corazones de puertas abiertas. Practicar la solidaridad en proyectos que tratan de eliminar las desigualdades entre los hombres como son la lucha contra el hambre, la atención y cuidado de los migrantes para que alcancen una vida digna, aliviar los sufrimientos de los enfermos y ancianos con el cuidado, la cercanía y el afecto de todos los que los cuidan, etc.
Todos podemos ser mediadores. La influencia del ejemplo y el testimonio (por ejemplo, en la educación de los hijos). Si se siembra, habrá esperanza de poder cosechar. Los padres de familia, los educadores, los médicos, los sacerdotes, los políticos honrados. San Vicente decía a las Hijas de la Caridad que ellas son las manos de Dios para los pobres. También la Iglesia es la gran mediadora por la predicación, los sacramentos y la práctica de la caridad.
¿Cómo podemos ser mediadores en cuanto socios de la AMM ¿Quiénes necesitan más de nuestra mediación?
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