martes, 14 de abril de 2026

ABRIL 2026

 

 

LA VIRGEN ORANTE
La oración en las Apariciones. Se dice que la Milagrosa es la aparición de una Virgen orante a una joven orante en un lugar de oración. Muchos son los símbolos y las actitudes que hablan de la oración en las Apariciones: Santa Catalina deseaba y pedía la gracia de ver a la Virgen. María intercede con el globo en sus manos por el mundo, Francia y por cada persona. María derrama innumerables gracias sobre el mundo a sus pies, invita a pedir gracias. Invita a acudir a este altar, donde se concederán muchas gracias a los que las pidan, "los rayos son el símbolo de las gracias que se derraman... ". Ella misma enseña a orar con la jaculatoria "()/1 María sin pecado concebida. 
Expresión de la Virgen orante del Evangelio. Pablo VI cn la Exhortación Marialis Cultus, (nn.16 y 23), presenta a María como modelo de la Iglesia en el ejercicio del culto. Es decir, María como ejemplo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios:
  Virgen oyente, que acoge con fe la palabra de Dios, que fue para ella causa de bienaventuranza;
  Virgen Madre, que por su fe y obediencia engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre;
  Virgen oferente, en la presentación de Jesús en el templo y en el Calvario;
  Virgen orante, en la anunciaCión, en el Magníficat, "conservaba y meditaba", en las bodas de Caná, en la Iglesia naciente y en todos los tiempos, pues "asunta al cielo, no deja de interceder por los fieles de su Hijo, envueltos en peligros y dificultades.  
Mensaje para nosotros: ser personas de oración. ¿Por qué no se ora o se ora poco en nuestro tiempo? Por muchas causas: debilidad de la y de la relación con Dios, creer que todo o casi todo se con dinero y medios humanos, idea de que orar únicamente e:; solución a problemas y necesidades. . .
El Catecismo de la Iglesia habla de las tres la oración vocal, fundada en la unión del cuerpo naturaleza humana, asocia el cuerpo a la oración il ll Cl discípulos. (Cfr. nn. 2700 a 2751).

v" La meditación, que es una búsqueda orante, que hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo. Tiene por objeto la apropiación creyente de la realidad considerada, que es confrontada con la realidad de nuestra vida.
 Y la oración contemplativa, que es la expresión sencilla del misterio de la oración. Es una mirada de fe, fijada en Jesús, una escucha de la palabra de Dios, un silencioso amor. Realiza la unión con la oración de Cristo en la medida en la que nos hace participar de su misterio.
Orar es necesario para la vida de fe y de santidad. Juan Pablo II en su Carta "El Nuevo Milenio" (n. 32) afirma que "para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración ". Aprender a orar, como le pedían los discípulos a Jesús (LC 1 1, l), para tener una vida de unión: "permaneced en mí, como yo en vosotros " (Jn 15, 4). Esta reciprocidad es el fundamento .mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para una vida pastoral auténtica.
El Papa León XIV recomienda a las comunidades cristianas que lleguen a ser auténticas "escuelas de oración ", donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y vivencia de afecto. Una participación en la Eucaristía, no tanto como una obligación cuanto una necesidad de vivir la comunión con Cristo y con la Iglesia.
 Orar en plural. Ante el riesgo de una oración individualista o intimista, una oración abierta a los demás para construir la historia según los designios de Dios. Jesús nos enseñó a orar "en plural". Es conocida la anécdota de un niño que rezaba pero no pedía nada, sino que decía a Jesús: "en qué puedo echarle una mano " 
El mensaje de la Rue du Bac es una invitación a acercamos al altar, a pedir gracias abundantes y es, ante todo, una invitación a acercarse a Cristo y a la oración. Las Apariciones —también en esto- nos acentúan el mensaje del Evangelio, del Jesús hombre de oración y del Jesús que nos dice: "Es preciso orar siempre sin desfallecer". (LC 18, 1). Y los Estatutos de la Alvllvl, al hablar de la vida espiritual, dicen que "los miembros de la Asociación cuidan el encuentro con Dios en la oración y la contemplación, tanto personal como comunitaria " (16.1.1).
¿Cuál es la dificultad mayor que encuentras para hacer oración? De las disposiciones de la Virgen: oyente, madre, oferente, orante, ¿cuál es la que más te gusta y practicas?





























viernes, 6 de marzo de 2026

Esta conversación con Dios te hará sentir mejor

Te prometo que esta conversación con Dios te hará sentir mejor*

Léela despacio, sin apuro y con el corazón abierto. Cada palabra fue escrita como un diálogo sincero, nacido desde la vida y desde la gratitud.

A veces no hace falta pedir ni entenderlo todo. Basta con sentarse en silencio y hablar con Dios desde lo que somos, desde lo que sentimos, desde todo lo que hemos vivido. La salud, la familia, las emociones, los aprendizajes, la calma y también las pruebas... todo forma parte de esta conversación que sostiene el alma.

La gratitud transforma porque te devuelve al presente. Te enseña a mirar con más ternura y a confiar incluso cuando el camino no está del todo claro.

Cuando agradeces, algo se ordena por dentro, el corazón se aquieta y la fe vuelve a sentirse cerca.

Este álbum es una conversación

íntima con Dios, escrita para acompañarte, para abrazarte y para recordarte que nunca caminas solo.

Guárdala para volver a leerla las veces que lo necesites y compártela con quien sientas que hoy necesita calma, paz o una palabra de fe.

Si al leerla sientes alivio o gratitud, comenta Gracias. A veces una sola palabra abre caminos invisibles.

Con mucho cariño, 

_Joseph Hernández_ @mundoescritos

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martes, 3 de marzo de 2026

Busca tu Paz


 

FICHA DE FORMACIÓN: MARZO DE 2026

FICHA DE FORMACIÓN: MARZO DE 2026 

LOS DOS CORAZONES 

 

La manifestación del reverso de la medalla. Santa Catalina, por si había que poner alguna inscripción, María le dice: “Bastante dicen la letra M y los dos corazones”. Los dos corazones de Jesús, rodeado por una corona de espinas y el de María, atravesado por una espada, según la profecía de Simeón. Ardiendo en llamas de fuego. 

       

El corazón en la Biblia significa el mundo interior: pensamiento, emociones, sentimientos, origen de las decisiones y los proyectos operativos. El mundo psíquico, el “yo interior”. Aún nosotros decimos: me duele, me destroza, me rompe el corazón (dolor), y también, te quiero con todo mi corazón, te doy mi corazón… El símbolo del corazón significa lo que es la vida: amar y sufrir. 

 

El corazón de Jesús es el símbolo del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Esa fue su vida y actuación al servicio del reino: niños, enfermos, marginados, pecadores. Llegará a decir que “nadie tiene mayor amor que el que da la vida”. Y Él la da totalmente. 

 

Esta imagen -de los dos corazones- nos remite al Evangelio, como toda la Medalla, y nos ayuda a leerlo. Cuando María y José llevan al niño para presentarlo en el templo, el anciano Simeón… “movido por el Espíritu… tomó al niño en sus brazos… y dijo a María su madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción, y a ti una espada te atravesará el alma” (Lc 2, 34-35). 

 

Y el corazón de María aparece en la Medalla con esta espada de dolor, porque el otro corazón, el de su Hijo, está coronado de espinas. Jesús es rey, pero de la manera más subversiva que podamos imaginar. Su trono es una cruz, su corona es de espinas, su medrosa corte de pescadores se ha desperdigado y la ley de su reinado solo tiene un artículo: “Amarse unos a otros como Él nos ha amado”. 

 

El corazón de María late al unísono con el de Cristo. Si a una vida la hace buena el amor, este corazón experimenta el más excelente. Aquí están los dos mejores corazones de la historia humana. Y uno al lado del otro. El uno con una corona de espinas; el otro, traspasado por una espada. El Papa Pío XII recordaba que santa Catalina “amaba con especial fervor los corazones de Jesús y de María, y con sus conversaciones y ejemplos, estimulaba cuando podía a todos a que devolvieran amor por amor”. 

El símbolo de los dos corazones tiene un claro mensaje para nosotros. Amar es nuestra vocación y felicidad. Nacemos del amor, crecemos en él, nos realizamos y sentimos bien, hay armonía en nuestra vida si queremos y somos queridos. No debemos dividir el mundo en buenos y malos, sino en seres que han sido amados o no. Por eso, “si me falta el amor, no me sirve de nada”. 

 

Cuando se habla del amor aparecen muchas confusiones y falsificaciones. Todos entendemos que es el afecto, la tendencia, la inclinación a otras personas y seres. Dice Erich Fromm que “el amor no es esencialmente una relación con una persona específica: es una actitud, una orientación de apertura y bondad hacia todos”. En sus dos dimensiones: amor a Dios, fuente y origen de toda caridad (Plegaria Eucarística) y amor al prójimo, que es semejante al primero. 

 

María nos ama, desde su corazón traspasado, con su amor reunido con el de su Hijo, hasta dolerle como una espada en el alma. Se duele por su Hijo y se duele por nosotros que lo llevamos a la cruz y para que, aceptando esta, dejemos que nos cambie la vida. ¿Podremos nosotros, como María, poner nuestro corazón en consonancia con el de nuestro amigo y redentor?  

 

María nos muestra, en la Medalla, los dos corazones palpitando al unísono. Y, como siempre, nos lleva a aquel donde está nuestra salvación: al corazón abierto de su Hijo. Pues ella “no ha dejado esta misión salvadora, sino que, con su múltiple intercesión, continúa obteniéndonos la salvación eterna” (L G, 62). Del Génesis al Apocalipsis, pasando por los Evangelios, la Medalla es esta ventana que nos asoma al misterio del amor que Dios nos tiene, para reanimarnos a responder al amor con el amor. 

 

El Papa Francisco ha escrito una hermosa Encíclica sobre el amor del Corazón de Jesús: Dilexit nos. Entre otras cosas dice que la sociedad humana está perdiendo el corazón: guerras, matanzas, destrucción, indiferencia. Que el mundo puede cambiar desde el corazón. El de Cristo es éxtasis, salida, donación. El nuestro es frágil y está herido.  

 

Tenemos que cambiar nuestras actitudes egoístas, cómodas, indiferentes. Porque amar es “descentrarse”, como los radios de una circunferencia. Querer y hacer el bien a todos, principalmente a los “carentes de amor”. San Vicente nos recuerda que el amor, si es verdadero, debe ser afectivo (querer bien) y efectivo (hacer el bien). Y tener presente que “al atardecer de la vida, me examinarán del amor”. 

 

Jesús, al ver la multitud, sintió compasión. ¿Es esa nuestra actitud? 

Los Estatutos nos hablan de una vida personal y comunitaria en caridad significativa ante el mundo (16.1.2). ¿Cómo lo hacemos? 

 


viernes, 27 de febrero de 2026

Las apariciones y la medalla

Las apariciones y la medalla


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