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miércoles, 4 de marzo de 2026
martes, 3 de marzo de 2026
FICHA DE FORMACIÓN: MARZO DE 2026
FICHA DE FORMACIÓN: MARZO DE 2026
LOS DOS CORAZONES
La manifestación del reverso de la medalla. Santa Catalina, por si había que poner alguna inscripción, María le dice: “Bastante dicen la letra M y los dos corazones”. Los dos corazones de Jesús, rodeado por una corona de espinas y el de María, atravesado por una espada, según la profecía de Simeón. Ardiendo en llamas de fuego.
El corazón en la Biblia significa el mundo interior: pensamiento, emociones, sentimientos, origen de las decisiones y los proyectos operativos. El mundo psíquico, el “yo interior”. Aún nosotros decimos: me duele, me destroza, me rompe el corazón (dolor), y también, te quiero con todo mi corazón, te doy mi corazón… El símbolo del corazón significa lo que es la vida: amar y sufrir.
El corazón de Jesús es el símbolo del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Esa fue su vida y actuación al servicio del reino: niños, enfermos, marginados, pecadores. Llegará a decir que “nadie tiene mayor amor que el que da la vida”. Y Él la da totalmente.
Esta imagen -de los dos corazones- nos remite al Evangelio, como toda la Medalla, y nos ayuda a leerlo. Cuando María y José llevan al niño para presentarlo en el templo, el anciano Simeón… “movido por el Espíritu… tomó al niño en sus brazos… y dijo a María su madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción, y a ti una espada te atravesará el alma” (Lc 2, 34-35).
Y el corazón de María aparece en la Medalla con esta espada de dolor, porque el otro corazón, el de su Hijo, está coronado de espinas. Jesús es rey, pero de la manera más subversiva que podamos imaginar. Su trono es una cruz, su corona es de espinas, su medrosa corte de pescadores se ha desperdigado y la ley de su reinado solo tiene un artículo: “Amarse unos a otros como Él nos ha amado”.
El corazón de María late al unísono con el de Cristo. Si a una vida la hace buena el amor, este corazón experimenta el más excelente. Aquí están los dos mejores corazones de la historia humana. Y uno al lado del otro. El uno con una corona de espinas; el otro, traspasado por una espada. El Papa Pío XII recordaba que santa Catalina “amaba con especial fervor los corazones de Jesús y de María, y con sus conversaciones y ejemplos, estimulaba cuando podía a todos a que devolvieran amor por amor”.
El símbolo de los dos corazones tiene un claro mensaje para nosotros. Amar es nuestra vocación y felicidad. Nacemos del amor, crecemos en él, nos realizamos y sentimos bien, hay armonía en nuestra vida si queremos y somos queridos. No debemos dividir el mundo en buenos y malos, sino en seres que han sido amados o no. Por eso, “si me falta el amor, no me sirve de nada”.
Cuando se habla del amor aparecen muchas confusiones y falsificaciones. Todos entendemos que es el afecto, la tendencia, la inclinación a otras personas y seres. Dice Erich Fromm que “el amor no es esencialmente una relación con una persona específica: es una actitud, una orientación de apertura y bondad hacia todos”. En sus dos dimensiones: amor a Dios, fuente y origen de toda caridad (Plegaria Eucarística) y amor al prójimo, que es semejante al primero.
María nos ama, desde su corazón traspasado, con su amor reunido con el de su Hijo, hasta dolerle como una espada en el alma. Se duele por su Hijo y se duele por nosotros que lo llevamos a la cruz y para que, aceptando esta, dejemos que nos cambie la vida. ¿Podremos nosotros, como María, poner nuestro corazón en consonancia con el de nuestro amigo y redentor?
María nos muestra, en la Medalla, los dos corazones palpitando al unísono. Y, como siempre, nos lleva a aquel donde está nuestra salvación: al corazón abierto de su Hijo. Pues ella “no ha dejado esta misión salvadora, sino que, con su múltiple intercesión, continúa obteniéndonos la salvación eterna” (L G, 62). Del Génesis al Apocalipsis, pasando por los Evangelios, la Medalla es esta ventana que nos asoma al misterio del amor que Dios nos tiene, para reanimarnos a responder al amor con el amor.
El Papa Francisco ha escrito una hermosa Encíclica sobre el amor del Corazón de Jesús: Dilexit nos. Entre otras cosas dice que la sociedad humana está perdiendo el corazón: guerras, matanzas, destrucción, indiferencia. Que el mundo puede cambiar desde el corazón. El de Cristo es éxtasis, salida, donación. El nuestro es frágil y está herido.
Tenemos que cambiar nuestras actitudes egoístas, cómodas, indiferentes. Porque amar es “descentrarse”, como los radios de una circunferencia. Querer y hacer el bien a todos, principalmente a los “carentes de amor”. San Vicente nos recuerda que el amor, si es verdadero, debe ser afectivo (querer bien) y efectivo (hacer el bien). Y tener presente que “al atardecer de la vida, me examinarán del amor”.
Jesús, al ver la multitud, sintió compasión. ¿Es esa nuestra actitud?
Los Estatutos nos hablan de una vida personal y comunitaria en caridad significativa ante el mundo (16.1.2). ¿Cómo lo hacemos?
lunes, 2 de marzo de 2026
Camino de la Cuaresma
sábado, 28 de febrero de 2026
viernes, 27 de febrero de 2026
Las apariciones y la medalla
5 favores que la Virgen de la Medalla Milagrosa prometió y casi nadie conoce
5 favores que la Virgen de la Medalla Milagrosa prometió y casi nadie conoce
Para ver la historia completa, por favor pulse aqui
NO SE OLVIDARAN NUNCA
jueves, 26 de febrero de 2026
PARA TI
Este mensaje es para ti✨
Para ti, que a veces olvidas todo lo que haces y cuánto has crecido.
Para ti, que te levantas cada día sin saber cómo, pero igual lo haces.
Para ti, que sostienes, que das, que sigues… incluso cuando nadie lo nota.
Hoy, detente un momento. Respira.
Mira a tu alrededor y agradece por lo que tienes, por lo que has superado y por lo que estás aprendiendo a soltar.
Agradece por tu camino, por lo que fuiste, por lo que eres, y por todo lo que aún puedes llegar a ser.
Porque estar vivo ya es motivo suficiente para decir: gracias.
Hoy no te exijas más. Reconócete. Abrázate.
miércoles, 25 de febrero de 2026
El 27 de noviembre, la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Medalla Milagrosa, una advocación mariana que ha cautivado los corazones de millones de fieles alrededor del mundo. Su origen se remonta a las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré en París, en 1830.
Las Apariciones a Santa Catalina Labouré:
Santa Catalina Labouré, una joven novicia de las Hijas de la Caridad, experimentó tres apariciones de la Virgen María en la capilla de su convento. En la segunda aparición, la más importante, la Virgen se presentó de pie sobre un globo terráqueo, aplastando una serpiente con sus pies. De sus manos extendidas emanaban rayos de luz, simbolizando las gracias que derrama sobre quienes las piden. Alrededor de la figura, se formó un óvalo con la inscripción: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».
La Virgen pidió a Santa Catalina que mandara acuñar una medalla con esta imagen y la promesa de que «todos los que la lleven con confianza recibirán grandes gracias».
El diseño de la Medalla:
La Medalla Milagrosa, fiel al pedido de la Virgen, presenta en su anverso la imagen de María Inmaculada con los brazos extendidos y rayos de luz que emanan de sus manos. En el reverso, se encuentra la letra M entrelazada con una cruz, sobre la cual hay una barra que representa la tierra. Debajo, se encuentran dos corazones, uno coronado de espinas (el Sagrado Corazón de Jesús) y otro atravesado por una espada (el Inmaculado Corazón de María).
La difusión y los milagros:
La difusión de la Medalla Milagrosa fue rápida y prodigiosa. Se le atribuyen innumerables milagros, conversiones y curaciones, lo que le valió el nombre de «Medalla Milagrosa». La Iglesia Católica, tras un exhaustivo análisis, aprobó la devoción y el uso de la medalla, reconociendo su valor como un sacramental que acerca a los fieles a la gracia divina.
La Medalla Milagrosa hoy:
Hoy en día, la Medalla Milagrosa sigue siendo un símbolo de fe y esperanza para millones de católicos en todo el mundo. Se utiliza como un recordatorio constante de la protección maternal de María y como una invitación a confiar en su intercesión.
La Medalla Milagrosa es un testimonio tangible del amor de María por la humanidad. En este día de celebración, recordemos su mensaje de esperanza y confiemos en su intercesión para alcanzar la gracia divina.
Fuente y enlace al artículo original:
https://radioestrella.net/la-medalla-milagrosa-un-faro-de-fe-y-esperanza-en-el-mundo/





