miércoles, 3 de junio de 2026

Con solo 13 años.

Autor: Gonzalo Gacía Almanzar (13 años) 

Curso: 2º ESO A 

Centro: La Salle Felipe Benito  

                                                       Platero y yo 

Muchas veces cuando nos acercamos a un clásico como Platero y yo, cometemos el error de pensar que es un relato sencillo, casi ingenuo. Pero tras leer a Juan Ramón Jiménez te das cuenta de que la figura del burro es solo un pretexto. Platero en realidad es el refugio de un hombre que observa el mundo que no siempre le gusta, un mundo lleno de contraste entre belleza y la naturaleza y aspereza de la realidad humana. 

Lo que más me ha hecho reflexionar sobre este libro es que te muestra la realidad tal y como es. Es una colección de fotos de la vida real de un pueblo andaluz, Moguer. Platero no es solo una mascota, es el único amigo de un hombre que se siente solo. A veces leemos sobre paisajes preciosos, pero otras veces Juan Ramón nos da un golpe de realidad: habla de niños pobres, de la crueldad de la gente, de cómo a veces el mundo es feo y gris. 

Me ha hecho pensar que, aunque el libro tiene más de 100 años, la soledad y la necesidad de tener a alguien que nos escuche sin juzgarnos, como hacía Platero, es algo que todos sentimos hoy en día, aunque lo ocultemos tras una pantalla. 

Hay un punto súper importante en el libro que es la muerte de Platero. No se narra de forma dramática o exagerada, sino con una aceptación casi poética. Esa es la idea del cielo de papel. Me parece una de las metáforas más potentes de la literatura: lo que amamos solo sobrevive si somos capaces de darle un lugar en nuestra memoria o en nuestras palabras. 

Esto me ha llevado a pensar en la fragilidad que nos rodea. A veces vivimos tan rápido que se nos olvida apreciar lo que es 'pequeño, peludo y suave', es decir, los detalles que realmente dan sentido a nuestra vida día a día y que cuando desaparecen dejan un vacío que solo la nostalgia puede llenar. 

La muerte de Platero también me hizo reflexionar otra cosa súper importante que a veces no nos damos cuenta en la vida: en la vida, aunque tengamos muchos problemas, la vida continúa y si no continuamos con ella y seguimos a su ritmo, al final nos pilla. Es complicado en muchos momentos difíciles, pero hay que seguir adelante y siempre hay que verlo con esa perspectiva que ve Juan Ramón Jiménez. Ve una perspectiva más, digamos, nostálgica, pero muy bonita y real, debido a que ante cualquier problema, aunque en este caso sea un fallecimiento como es el de Platero, nos podemos dar cuenta de que en nuestra memoria seguirán estando y que siempre estarán con nosotros si nosotros creemos en ellos. 

Claro, en definitiva, Platero y yo no es solo un libro sobre un animal o muchas frases con trasfondo; al final, digamos que es como una manera de vida. Siempre hay que mirar las cosas de distintas maneras y darnos cuenta de las pequeñas acciones que nos hacen los demás y agradecerle, porque no sabemos en qué momento podemos llegar a perderlo. Y, sobre todo, darnos cuenta de las personas que nos quieren, aunque parezca que no hagan nada por nosotros, hacen pequeños detalles. 

Y para finalizar me gustaría dar una pequeña reflexión que he tenido sobre el libro, digamos, una pequeña conclusión: y podríamos decir que al final todos somos un poco Juan Ramón Jiménez, personas que buscamos desesperadamente a alguien que nos escuche, aunque esa persona no diga ni una sola palabra. Quizás también el problema es que hoy tenemos demasiadas conexiones, pero nos falta el silencio de Platero para entender quiénes somos de verdad. 

Aunque si lo pensamos, Platero no murió en aquel capítulo. Platero murió el día que dejamos de mirar el mundo con la misma ternura con la que él miraba a su dueño. 

Muchas Gracias por leer esto. 

 

PD. Este escrito ha sido premiado en Sevilla, ciudad de residencia del Niño, con el Primer Premio de Andalucía del grupo Planeta. ¡¡¡ENHORABUENA SOBRINO!!!

martes, 2 de junio de 2026

FICHA DE FORMACIÓN: JUNIO DE 2026

FICHA DE FORMACIÓN: JUNIO DE 2026 
 
“NINGÚN ÁRBOL MALO DA FRUTOS BUENOS” 
 
Muchos son los frutos y consecuencias de la Apariciones de 1830. Las manos que manaban luz, según la visión de Catalina, hacían florecer conversiones, curaciones y obras nuevas. Ante todo, la prodigiosa multiplicación y difusión de la medalla de la Inmaculada que el pueblo llamó “milagrosa”. Señalar las insólitas conversiones como el militar de Alensón, el polaco Stempowski, la del judío Alfonso Ratisbona y millares y millares de pobres desconocidos. 
 
Frente a los fuertes y múltiples conjurados contra la fe cristiana, a raíz de la Revolución y la Ilustración, el cielo había enviado el signo humanamente más inerme para renovar la Iglesia y sus comunidades. Pero hay muchos otros frutos. Señalamos algunos cuyos datos están tomados del libro Y la llamaron Milagrosa (P. Honorio López, CM):  
 
1-Jóvenes de María. En la Aparición de la noche del 18 al 19 de julio de 1830, la Virgen María le dio a Santa Catalina el encargo que había de trasmitir al P. Aladel: “la Santísima Virgen quiere que usted comience una Asociación…, una Asociación de Jóvenes de María, a quien la Virgen concederá abundantes gracias”. 
 
Pronto empezaron a formarse los primeros grupos, primero en las casas, escuelas, hospitales o talleres de las Hijas de la Caridad. Se trataba de jóvenes aprendices, obreras o alumnas, provenientes de las clases populares y todas ellas consagradas a la Virgen María. En 1847, Pío IX confiere el reconocimiento oficial de la Asociación. El P. Aladel publica el Manual de las Hijas de María del que, en cuatro años, se distribuyeron 25.000 ejemplares. Pronto se extendieron a otros países como Chile, 
Estados Unidos, Perú, México… En marzo de 1831 el Vaticano autoriza la creación de las Hijas de María en todas las parroquias. 
 
2-La renovación de las comunidades vicencianas. Es otro fruto de las Apariciones. Tanto las Hijas de la Caridad como los misioneros conocieron nuevamente, aunque entre conflictos, días de esfuerzo, de fervor y de expansión. A raíz de la Revolución, muchos/as fueron asesinados, otros se pasaron al clero diocesano y otros emigraron a diversos países. Pero aún en los que permanecían, era notable una débil y estéril existencia, con pocas esperanzas de volver a recuperarse.  
 
Pero, como lo atestiguará el P. Etienne, poco tiempo después tuvo lugar la Aparición de María Virgen Inmaculada, que fue un punto de partida de una nueva era para las dos Compañías: misioneros al Oriente y a China, al centro de Africa, Argelia y a las dos Américas. El nuevo espíritu atrajo muchas vocaciones y las obras florecieron por todas partes: 
 
1-La Asociación  de  la  Medalla Milagrosa. No es necesario extenderse en este punto pues, por los Estatutos, conocemos bien su existencia, su aprobación pontificia, su enorme extensión por todo el mundo y su finalidad que es el seguimiento de Jesucristo, a ejemplo de María, discípula y modelo de vida cristiana y el apostolado de la Evangelización y el Servicio a través de la Visita Domiciliaria y los proyectos de Caridad a favor de los pobres. 
 
2-La  aventura  de  Edel Quinn  y  su  Legión mariana.  Es otro fruto hermoso de la Milagrosa. La Legión de María surgió en la verde Irlanda en 1921. Una costurera, Edel Quinn, presidía a las 17 personas reunidas aquella tarde en Dublín. También un misionero y Frank Duff, fundador de la obra y miembro de las Conferencias de Ozanam. En la mesa de aquella humilde habitación reinaba una imagen de la Milagrosa y lo sigue haciendo hoy en cada reunión semanal de los legionarios marianos. 
 
3-Los preparativos de la proclamación de la Inmaculada. La fe del pueblo de Dios en este privilegio de la Virgen tuvo un largo recorrido tanto en la Iglesia oriental como en Occidente. Al margen de las discusiones de los doctores, el pueblo creyente ya lo confesaba desde antiguo: por los méritos de Jesucristo, la Virgen María había sido preservada de la mancha original desde su concepción. 
 
Pero faltaba la declaración oficial por parte de la Iglesia, que llegó el 8 de diciembre de 1854 por parte del Papa Pío IX ante una inmensa multitud popular y ante 189 pastores. Las apariciones de la Milagrosa, la propagación de su medalla, las innumerables conversiones y curaciones,   la jaculatoria “Oh María sin pecado concebida”, la Virgen pisando la cabeza de la serpiente, provocaron un intenso movimiento mariano en torno a este privilegio.  
 
Así lo reconocía el Arzobispo de París al decir que todo esto era “el punto de partida”, y el Papa Pío XI: “la medalla… preparó los ánimos del pueblo cristiano” como medio más oportuno entre los demás para la definición dogmática que se avecinaba. Posteriormente, en Lourdes, la Virgen diría a Bernardeta: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. 
 
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