miércoles, 14 de enero de 2026
martes, 13 de enero de 2026
FICHA DE FORMACIÓN: MARZO DE 2026
LOS DOS CORAZONES
La manifestación del reverso de la medalla. Santa Catalina, por si había que poner alguna inscripción, María le dice: “Bastante dicen la letra M y los dos corazones”. Los dos corazones de Jesús, rodeado por una corona de espinas y el de María, atravesado por una espada, según la profecía de Simeón. Ardiendo en llamas de fuego.
El corazón en la Biblia significa el mundo interior: pensamiento, emociones, sentimientos, origen de las decisiones y los proyectos operativos. El mundo psíquico, el “yo interior”. Aún nosotros decimos: me duele, me destroza, me rompe el corazón (dolor), y también, te quiero con todo mi corazón, te doy mi corazón… El símbolo del corazón significa lo que es la vida: amar y sufrir.
El corazón de Jesús es el símbolo del amor de Dios: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Esa fue su vida y actuación al servicio del reino: niños, enfermos, marginados, pecadores. Llegará a decir que “nadie tiene mayor amor que el que da la vida”. Y Él la da totalmente.
Esta imagen -de los dos corazones- nos remite al Evangelio, como toda la Medalla, y nos ayuda a leerlo. Cuando María y José llevan al niño para presentarlo en el templo, el anciano Simeón… “movido por el Espíritu… tomó al niño en sus brazos… y dijo a María su madre: “Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción, y a ti una espada te atravesará el alma” (Lc 2, 34-35).
Y el corazón de María aparece en la Medalla con esta espada de dolor, porque el otro corazón, el de su Hijo, está coronado de espinas. Jesús es rey, pero de la manera más subversiva que podamos imaginar. Su trono es una cruz, su corona es de espinas, su medrosa corte de pescadores se ha desperdigado y la ley de su reinado solo tiene un artículo: “Amarse unos a otros como Él nos ha amado”.
El corazón de María late al unísono con el de Cristo. Si a una vida la hace buena el amor, este corazón experimenta el más excelente. Aquí están los dos mejores corazones de la historia humana. Y uno al lado del otro. El uno con una corona de espinas; el otro, traspasado por una espada. El Papa Pío XII recordaba que santa Catalina “amaba con especial fervor los corazones de Jesús y de María, y con sus conversaciones y ejemplos, estimulaba cuando podía a todos a que devolvieran amor por amor”.
El símbolo de los dos corazones tiene un claro mensaje para nosotros. Amar es nuestra vocación y felicidad. Nacemos del amor, crecemos en él, nos realizamos y sentimos bien, hay armonía en nuestra vida si queremos y somos queridos. No debemos dividir el mundo en buenos y malos, sino en seres que han sido amados o no. Por eso, “si me falta el amor, no me sirve de nada”.
Cuando se habla del amor aparecen muchas confusiones y falsificaciones. Todos entendemos que es el afecto, la tendencia, la inclinación a otras personas y seres. Dice Erich Fromm que “el amor no es esencialmente una relación con una persona específica: es una actitud, una orientación de apertura y bondad hacia todos”. En sus dos dimensiones: amor a Dios, fuente y origen de toda caridad (Plegaria Eucarística) y amor al prójimo, que es semejante al primero.
María nos ama, desde su corazón traspasado, con su amor reunido con el de su Hijo, hasta dolerle como una espada en el alma. Se duele por su Hijo y se duele por nosotros que lo llevamos a la cruz y para que, aceptando esta, dejemos que nos cambie la vida. ¿Podremos nosotros, como María, poner nuestro corazón en consonancia con el de nuestro amigo y redentor?
María nos muestra, en la Medalla, los dos corazones palpitando al unísono. Y, como siempre, nos lleva a aquel donde está nuestra salvación: al corazón abierto de su Hijo. Pues ella “no ha dejado esta misión salvadora, sino que, con su múltiple intercesión, continúa obteniéndonos la salvación eterna” (L G, 62). Del Génesis al Apocalipsis, pasando por los Evangelios, la Medalla es esta ventana que nos asoma al misterio del amor que Dios nos tiene, para reanimarnos a responder al amor con el amor.
El Papa Francisco ha escrito una hermosa Encíclica sobre el amor del Corazón de Jesús: Dilexit nos. Entre otras cosas dice que la sociedad humana está perdiendo el corazón: guerras, matanzas, destrucción, indiferencia. Que el mundo puede cambiar desde el corazón. El de Cristo es éxtasis, salida, donación. El nuestro es frágil y está herido.
Tenemos que cambiar nuestras actitudes egoístas, cómodas, indiferentes. Porque amar es “descentrarse”, como los radios de una circunferencia. Querer y hacer el bien a todos, principalmente a los “carentes de amor”. San Vicente nos recuerda que el amor, si es verdadero, debe ser afectivo (querer bien) y efectivo (hacer el bien). Y tener presente que “al atardecer de la vida, me examinarán del amor”.
Jesús, al ver la multitud, sintió compasión. ¿Es esa nuestra actitud?
Los Estatutos nos hablan de una vida personal y comunitaria en caridad significativa ante el mundo (16.1.2). ¿Cómo lo hacemos?
FICHA DE FORMACIÓN: FEBRERO DE 2026
LA M DE MARÍA, MADRE Y LA CRUZ
Los signos del reverso. A santa Catalina se le muestra el reverso de la medalla: la letra M y la Cruz, los dos corazones y las doce estrellas. Símbolos tan expresivos que María le dice cuando ella le pregunta si hay que poner algo: “Bastante dicen la M y los dos corazones”.
La M de María y de Madre. Es el nombre de Miriam, Señora, la favorecida, la llena de gracia. Y la Madre, la M que sale de la cruz, la maternidad divina, escogida por Dios, anunciada y consentida en el pasaje de la anunciación del ángel. La Madre y modelo de la Iglesia, la participación de María en el misterio pascual con su presencia en el calvario y su propio sufrimiento, unido al de Cristo.
Aquí María no sostiene una cuna o un niño, solo la Cruz. Después de todo, la cruz es el derecho fundamental de un cristiano, ¿cómo no iba a serlo de María? María estaba “junto a la cruz de Jesús” (Jn 19, 25). La pasión del Hijo y de la Madre están reunidas y son inseparables. Si san Pablo escribía “me gozo en mis sufrimientos por vosotros y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo a favor de su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,24), ¿con cuánta más razón sucede esto en María junto a la cruz de Jesús?
María es la discípula que sigue al Hijo sin apartarse cuando aparece el sufrimiento, el desprecio y la muerte de aquel al que amaba y seguía. La que no se derrumbó del escándalo ante el silencio de Dios. Es la madre de los seguidores de Jesús y la que con-sufre con él y ruega por nosotros para que lo sigamos sin desfallecimiento en las buenas y en las malas. La M y la Cruz son la conjunción de sus pasiones porque antes hubo la conjunción de sus vidas, como luego habrá la comunión de la gloria.
Si aquí aparece simbolizada, ante todo, la unión entre la Madre y el Hijo, también aparece, en segundo lugar, la unión entre María y los discípulos, pues el discípulo es aquel que estaba con ella al pie de la cruz. Jesús, a punto de morir, le dijo unas breves palabras para encomendarle una herencia: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y luego al mismo discípulo amado: Ahí tienes a tu madre. Es decir, ahora también le encomendaba a él una herencia personal: tener a María por madre (Jn 19, 25-27).
En víspera de su Pasión, Jesús dice: “La mujer, cuando va a dar a luz, se acongoja porque ha llegado su hora, pero cuando le ha nacido el niño, ya no se acuerda de la angustia a causa de la alegría que siente por el hombre que ha traído al mundo” (Jn 16,2). Y esta es la hora de María, la nueva Hija de Sión, la hora que Jesús le indica para tener al discípulo como nuevo hijo. Es la hora de hacernos sus recién nacidos. La muerte de su Hijo es la hora que María nos hace hijos suyos.
Esta es la fuerza de la alianza que establece Jesús entre su madre y sus discípulos. En los contratos se marcan derechos y deberes, y se especifican intercambios de bienes y cosas: esto es tuyo y esto es mío. En la alianza se constituye una comunión de personas. Ella es nuestra y nosotros, suyos; ella es nuestra madre y nosotros somos sus hijos.
La Virgen María, con alegría personal y por encomienda de su hijo Jesús, nos tiene y nos ama a nosotros como a hijos suyos. Y al vernos necesitados, no puede menos que venir a socorrernos. Porque son muchos los sufrimientos que hay en la vida a todos los niveles: en la sociedad con las guerras, las injusticias, las desigualdades, el hambre y la miseria; en las familias con las desavenencias, las rupturas, hijos sin hogar, pérdida de la fe y la práctica religiosa; personalmente ante la presencia del dolor, la enfermedad, la ancianidad, el temor a la muerte, etc…
En las apariciones de la capilla del Bac, y ante las adversidades de sus hijos, María viene a mostrar una vez más su solicitud y amparo. Continúa su vocación de madre que corre junto a los hijos en los momentos difíciles. Ella es la que suplica a Dios (“ruega por nosotros que recurrimos a vos”), la que distribuye y da los dones obtenidos y se los da especialmente a quienes se abren para recibirlos. Necesitamos a esta Virgen María que viene a nosotros desde la Medalla para reanimarnos en la vida de fe cristiana y para curarnos de tantas heridas, violencias, desconfianzas y confusiones. Ella ve y sabe que la necesitamos ahora como entonces, y sigue tendiéndonos sus manos maternales y llenas de dones.
Ella también nos enseña a saber situarnos ante el mal y el sufrimiento. Ante todo, a no causar daños y sufrimientos con palabras poco amables, con comportamientos egoístas o violentos que hieren la dignidad de las personas. Y luego, a trabajar por su desaparición y alivio. Estar al pie de la cruz de los que sufren la enfermedad, la soledad, el hambre, la injusticia. Tomar el lado de los pobres como lo hizo Jesús. Dichosos los que sufren, los que saben sufrir, porque de ellos es el reino de los cielos.
¿Cómo aceptamos los dolores y sufrimientos de nuestra propia vida personal o familiar?
¿Cómo podemos estar al pie de la cruz de los que sufren enfermedad, soledad o pobreza?
lunes, 12 de enero de 2026
FICHA DE FORMACIÓN: OCTUBRE DE 2025
MARÍA VISITA A SUS HIJOS
La Asociación Medalla Milagrosa es una asociación pública de fieles internacional, que se caracteriza por estas tres notas: eclesial, mariana y vicenciana (Estatutos 3 y 4). El curso pasado dedicamos los temas de formación a la nota vicenciana. El presente lo vamos a dedicar a la nota mariana, “porque la misma naturaleza de la espiritualidad cristiana tiene presente la dimensión mariana, porque la Asociación nace a raíz de las Apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré en 1830 y porque todos sus miembros se sienten llamados a conocer, vivir y difundir el mensaje de estas apariciones de 1830”. (Est. 4, 2).
Después de la anunciación del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, al que María corresponde con su Fiat, el evangelista san Lucas añade el pasaje de la Visitación a su prima santa Isabel para felicitarla, para ayudarla en su nueva situación y sobre todo para comunicarle la Buena Noticia: han llegado los tiempos mesiánicos. Isabel y el niño en su seno la sienten y la felicitan por su fe. Ella es el “arca de la nueva alianza”, que hace saltar de gozo por la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Sabemos que María es la Virgen peregrina, que sabía mucho de caminos: de Nazareth a Belén, de Belén a Nazareth, de Nazareth a Ain Karim, a Egipto, a Jerusalén, por los caminos de Judea y Galilea y, al final, el doloroso camino del Calvario. Es la peregrina de la fe, que recorrió el camino de la fe con oscuridades, dificultades, preguntas y sufrimientos, pero siempre con total fidelidad, confianza y disponibilidad.
María es la madre espiritual de la Iglesia y de cada uno, misión que
Jesús le encomendó en el Calvario. Como dice la Lumen Gentium (62),
“Ella, asunta al cielo, no ha dejado esta misión salvadora… Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada”.
Este rasgo lo puso de relieve toda la manifestación de la Virgen Milagrosa, pero de modo especial la aparición del 18 al 19 de julio de 1830 a santa Catalina Labouré: una novicia de las Hijas de la Caridad. Siguiendo la ley bíblica, Dios escoge a los pequeños: a Moisés, a David, a los
Profetas; Jesús a unos pescadores, a Bernardita Soubirous, a los pastorcitos de Fátima. Pablo a “lo necio del mundo”.
Catalina tiene 23 años, sabe leer y escribir, es devota de la Inmaculada de su pueblo, tiene deseos de ver a la Virgen, tiene buen carácter, es trabajadora y alegre. Ella relata al P. Aladel lo que sucedió aquella noche en que, guiada por un niño, no solo le dijo que había visto a la Virgen, sino que, “mirando a la Virgen me puse de un salto a su lado, hincada sobre las gradas del altar, y con las manos apoyadas en las rodillas de la Virgen… allí pasé el momento más dulce de mi vida…”.
En relatos que escribe en 1876, poco antes de su muerte y a petición de la Superiora, Catalina escribe los mensajes de esa conversación: “El buen Dios quiere confiarte una misión que te hará sufrir… Corren malos tiempos, las desgracias van a caer sobre Francia, hay abusos en las dos Comunidades, la Santísima Virgen (le dijo al P. Aladel) quiere que funde una Asociación de Jóvenes de María; ella me enseñó la manera de comportarme en las penas y a acudir y postrarme al pie del altar y desahogar allí mi corazón, pues allí recibiría los consuelos de que tuviese necesidad”.
Santa Catalina pudo intuir que la misión que le confiaba la Virgen había de ser la manifestación y la acuñación de una medalla con un rico mensaje, a la que irían anexas muchísimas gracias. La invita a la confianza, a la oración, recibirá muchas gracias, sufrirá diversas contradicciones porque no la creerán…
Y es que “Dios visita y guía a su pueblo”. Es una constante de la Revelación a través de personajes y profetas en el Antiguo Testamento, la plenitud en Cristo, los Apóstoles, la Iglesia, los Santos y los Mártires. Y también por la presencia y actuación de María. Las Apariciones de la Virgen no son dogmas de fe, pero sí intervenciones de Dios a través de María para estimular la fe, la oración, la conversión, la vida cristiana en circunstancias particulares. Por eso, resulta un hecho sorprendente que los movimientos protestantes hablen mucho de la mediación de los Profetas, de los Evangelistas, de Pablo y los Apóstoles, pero no hablan, como que se avergüenzan, de la presencia y mediación de la Madre de Jesús.
Al recordar esta cercanía, esta visita de la Virgen, hemos de recibirla como la visita de la Madre que se acerca a sus hijos para reavivar nuestra vida de fe, tal vez rutinaria, cómoda, interesada… Acoger con humildad y gratitud lo que el Señor quiera comunicarnos por su santísima Madre.
- ¿Qué nos impresiona más de esta Aparición del 18-19 de Julio? - ¿Cómo influye María en nuestra vida cristiana y apostólica?
FICHA DE FORMACIÓN: NOVIEMBRE DE 2025
“VENID AL PIE DE ESTE ALTAR”
En el tema anterior aludimos a las palabras que santa Catalina escribió a petición de la Superiora del asilo de Enghien: “el buen Dios quiere confiarte una misión. Sufrirás mucho, pero lo superarás haciéndolo por la gloria del buen Dios… Te contradecirán, pero tendrás la gracia necesaria; no temas, dilo todo con confianza y sencillez… Corren malos tiempos. Las desgracias van a caer sobre Francia, el trono será derribado, infortunios de toda clase sacudirán al mundo…, pero venid al pie de este altar donde se derramarán gracias sobre todas las personas que las pidan con confianza”.
Esta inscripción se lee en el arco del presbiterio de la Capilla de las Apariciones y es un gozo enorme verificar cómo las gradas del presbiterio están siempre llenas de gente de toda raza y color, reflejando en sus rostros la intensidad de sus peticiones o la gratitud por los favores recibidos.
¿Cuál es el símbolo del altar? En todas las religiones el altar es el centro del culto sacrificial, el signo por excelencia de la presencia divina. Jesús no solo da el verdadero sentido del culto antiguo, sino que pone fin al mismo. En el nuevo templo, que es su cuerpo, no hay ya más altar que él mismo (Heb 13, 10), que es a la vez víctima, sacerdote y altar.
Así pues, el altar es símbolo de Jesucristo y en él encontramos la mesa de la Palabra y la mesa de la comida espiritual. Acudir, encontrarse con Jesucristo es lo central del cristianismo. Es la respuesta a la pregunta del mismo Jesús: ¿Quién soy yo para vosotros?
El Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica con motivo del Jubileo Año 2000 escribió: “el nacimiento de Jesús no es un hecho que se pueda relegar al pasado. Ante él se sitúa la historia humana entera: nuestro hoy y el mundo del futuro son iluminados por su persona”. Unos griegos le dicen a Felipe: “Queremos ver a Jesús”. También los hombres de nuestro tiempo lo desean, quizás inconscientemente. Es preciso no sólo hablar de él, sino hacérselo ver. ¿No es este el cometido de la Iglesia? ¿Lo conocemos nosotros? ¿Cuál es su verdadero rostro?”
El Papa habla del rostro del Nazareno en los Evangelios, tal como lo muestran los Apóstoles inspirados por el Espíritu Santo al hablar del misterio de la Encarnación y los episodios de la infancia, al hablar de su actuación pública anunciando el Reino: el Padre y la humanidad nueva.
Él es el hombre nuevo que pasó haciendo el bien, liberando a los oprimidos y llamando a participar de su vida divina a la humanidad redimida.
El rostro doliente de la Pasión. La contemplación del rostro de Cristo nos acerca al aspecto más paradójico de su misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración. Pasa ante nuestra mirada la intensidad de la escena de la agonía en el huerto de los Olivos en la que Jesús pide al Padre que, si es posible, aleje de él la copa del sufrimiento. Y todavía más en el grito, aparentemente desesperado, que Jesús da en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El grito de Jesús en la cruz no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el amor por la salvación de todos.
El rostro del Resucitado. La resurrección fue la respuesta del Padre a la obediencia de Cristo, como recuerda la carta a los Hebreos: “… y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación para todos los que lo obedecen” (He 5, 7-9). La Iglesia mira ahora a Cristo resucitado siguiendo los pasos de Pedro: “tú sabes que te quiero”, y los de Pablo: “para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia”. En el rostro de Cristo, la Iglesia contempla su tesoro y su alegría y animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, pues “Él es el mismo ayer, hoy y siempre” (He 13,8).
La invitación de María. Hay una gran coincidencia entre el mensaje de la Rue du Bac y la invitación de Juan Pablo II. María nos puede ayudar a conocer el rostro de Cristo. ¿Alguien contempló su rostro como ella? Esta es la invitación de María cuando nos dice “Haced lo que Él os diga”, ir al encuentro con él, pues como dice el Papa Benedicto XVI, “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. (Dios es amor, 1).
La fe en Jesucristo se caracteriza por el encuentro con él. Los discípulos no fueron llamados a suscribir una lista de verdades que creer. Son llamados a fiarse de una persona, a confiarse totalmente a ella, a establecer con ella una relación personal y vital. “Andad como conviene a vuestra vocación”, dice san Pablo.
- ¿Cuál es el rostro de Cristo que más nos impresiona?
- Hace dos mil años que empezó el cristianismo. Y nosotros,
¿cuándo empezaremos a ser cristianos de verdad?, dice este autor (Mollereau).
FICHA DE FORMACIÓN: DICIEMBRE DE 2025
LA INMACULADA (SANTIDAD)
Los capítulos dos y tres del Libro del Génesis describen el drama del Paraíso: el primer acto es la creación, el segundo es el pecado de los primeros padres que desobedecen el mandato de Dios y el tercero es el castigo y la promesa de redención o el protoevangelio: “El Señor Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho eso, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gen 3, 9-15.20).
Santa Catalina, al describir la visión del 27 de noviembre, anota que la Virgen tenía los pies apoyados sobre una media esfera. Añadirá también en otro momento, que había sobre ella una serpiente de color verdoso con manchas amarillas. Y en las tempranas indicaciones para el pintor Letaille se especifica que la Virgen estaba aplastando la cabeza de la serpiente. Y desde el principio, las medallas la representaron de ese modo.
Más adelante, también dirá santa Catalina que “se formó un cuadro alrededor de la Santísima Virgen, un poco ovalado, con estas palabras: Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti… escritas en letras de oro”. Es la mujer sin pecado concebida, la Reina que es esclava del Señor y la Madre intercesora que ruega por nosotros. María, la casa biológica del Hijo, también fue redimida por la Cruz de Jesucristo. Pero, mientras a nosotros se nos da la redención como curación, a ella se le regaló como prevención.
Así lo expresaba Pío IX en la definición de la verdad de la
Inmaculada en 1864: “Para honra de la Santísima Trinidad, para alegría de la Iglesia católica,…sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús”.
Este privilegio de María implica la plenitud de la obra de Dios que derrama sobre ella los dones y prerrogativas del Espíritu Santo para la que va a ser la Madre del Verbo, la favorecida de Dios, la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, y por otra parte, la pobreza, la pequeñez de su sierva: “el Señor ha hecho obras grandes por mí”. (Lc 1,49).
María es kejaritomene, es decir, colmada de gracia con plenitud. Tal gracia es un don totalizante ofrecido gratuitamente por Dios. María, además, ha encontrado gracia delante de Dios (Lc1, 30). Tal gracia es salvación total por su Concepción Inmaculada; es fe y disponibilidad de esclava del Señor; es acogida y presencia de Cristo.
Alusiones a su santidad son los adjetivos bendita y dichosa, aplicados por Isabel a María, que son como sinónimos de santa, así como también bienaventurada. Ser y permanecer entre los discípulos es respuesta a la vocación a la santidad. Así aparece la Virgen como mujer creyente, discípula fiel, dócil a la voluntad de Dios, en unión total con él, leal colaboradora, llena de amor a Dios y al prójimo.
Nosotros no podemos ser como María concebidos sin pecado, pero sí en imitarla en el camino de la santidad. Como consta en el capítulo V de la Lumen Gentium, del Vaticano II: “en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”. (1Tes, 4, 3).
Hay muchas ideas falsas e inadecuadas de la santidad o pensar que eso corresponde a algunas personas o estados de vida. Ser santos es participar de la vida trinitaria a partir del bautismo que nos hace hijos de Dios, seguidores de Jesús, Camino, Verdad y Vida, templos del Espíritu Santo, una vida de fe, esperanza y caridad. Se puede decir que esta es la santidad ontológica, es decir, el ser, pero también consiste en la moral, el vivir como conviene a los santos. No basta con no robar ni matar, sino la práctica de los Mandamientos, las Bienaventuranzas, el Evangelio y las actitudes de Jesús, que pasó por el mundo haciendo el bien.
Volviendo al tema de las Apariciones y al simbolismo de la medalla vemos que la Virgen camina con nosotros por nuestro mundo y nos señala, con su actitud de pisar la serpiente, cómo también nosotros hemos de vencer a la serpiente tentadora, que se nos presenta con mil disfraces distintos. Estamos tentados desde dentro y también amenazados desde fuera. Pero la Virgen ha venido a visitarnos y a socorrernos. Su medalla es escudo de nuestra fe, programa de vida e imán hacia Dios. Con ella queremos avanzar en el seguimiento de Jesucristo. Ella es nuestra querida Madre y por eso le pedimos: “Ruega por nosotros que recurrimos a ti”.
- El Papa Francisco en “Alegraos y regocijaos” habla mucho de los
“santos de la puerta de al lado”. ¿Qué entendemos por esto?
- ¿Qué nos impide progresar en el camino de la santidad?
viernes, 3 de enero de 2025
LA POBRE SE CONFUNDIO
Autor: Jose Maria Murillo Garcia
Badajoz, 3 de enero del 2025
Se confundió, no encontró la manera de llamar la atención con sus expresiones, pero encontró algo que la tendría en candelero unos días, seguro que más de lo que ella tenía previsto.
Lo malo, o quizás lo poco ético, fue el recurrir a lo que sabia podía impactar, ya que son, son muchos, los católicos españoles, está claro que con su exposición se sentirían molestos, simplemente molestos, ya que no daña quien quiere, sino quien puede, y esta presentadora llamada Dª Laura Yuste Vélez está a años luz de los que somos católicos.
Los católicos siempre pensamos en el perdón, y máxime cuando las molestias vienen de lo expuesto por una persona que le faltan recursos para hacer otra cosa. Por lo tanto, por mí y creo que, por la mayoría de los católicos, perdonado.
Esto no quita, que sea lamentable que ocurra en la TVE. que debía ser de todos y para todos los españoles.
Pero no es menos cierto, que el Gobierno, que repite lo de la unión y el consenso de todos los españoles, debe (se me ocurre) gobernar para todos, y no apoyar a quien molesta groseramente a la gran mayoría. Por si fuera poco, la defensa de la actuación, la hace nada menos, que el Sr, Ministro de Justicia.
Un cordial saludo de José María.
jueves, 14 de noviembre de 2024
Autor: José María Murillo Garcia
SOBRE LA DANA
Badajoz, 14 de noviembre del 2024.
Al mirar los días pasados, desde la DANA que el día 29 de octubre, asolo sesenta y tantos municipios en Valencia, y en la que fallecieron más de doscientas personas, veo cada vez más claro que desde el primer día, había que haber decretado el Estado de Emergencia, por varias razones.
Primero por ser una catástrofe muy superior a lo anteriormente conocido, y segundo por haber afectado a varias Comunidades Autónomas y a las principales vías de comunicación, autopistas como la A-3, los ferrocarriles e incluso la Confederación Hidrográfica del Júcar, de quien depende la zona inundada, afecta o controla la hidrología de cuatro Comunidades Autónomas, Valencia, Castilla la Mancha, Aragón y Cataluña.
Si esta DANA, afecto a varias comunidades, a autopistas y ferrocarriles nacionales, está totalmente claro que era y debió ser, un Estado de Emergencia.
No se cuál es la razón, por la que de las personas que tuvieron que dejar sus coches tirados en la autopista, para guarecerse donde pudieron, de esas no se habla, y ¿Cuántos camiones parados y algunos con pérdida de su carga? De esto tampoco se habla.
Da la impresión que Mazon, el Presidente de la Comunidad Valenciana, era quien tenía todas las fuerzas en su mano, y no era así, quien tenía medios, todos y datos igualmente era el Gobierno.
Que a Manzon le falto nervio, verdad, pero que sus consejeros no los vimos, y al que vimos, mejor que se hubiese quedado en casa, también, lo cual no hace mas que forzar y llevarnos a que visto el primer planteamiento la única solución era el Estado de Emergencia.
Bien por los voluntarios, muy bien y gracias a todos, pero no podemos negar que, si este número de personas con ganas de solucionar se las hubiese organizado, el rendimiento habría sido el doble y su valioso esfuerzo mucho menor, y con mayor rendimiento.
Habrá mucho que recordar de esta tragedia, pero sin olvidar que lo más importante hoy es, que un numero enorme de personas son las que han perdido TODO, desde familiares, casa, negocios y enseres y todos debemos ayudar a que cuanto antes se sientan aliviados.
domingo, 28 de abril de 2024
NO ESTA CLARO. –
martes, 5 de marzo de 2024
ASÍ ANDAMOS.
Badajoz, 1 de marzo del 2024
Autor: José María Murillo Garcia
No quisiera con estas cuatro letras, molestar a nadie, y mucho menos asustarla, pero es cierto y totalmente constatable, que pasamos momentos , yo diría más que difíciles.
Hay en nuestra sociedad actual, innumerables problemas que hace falta resolver, y para ello no creo que haya que buscar a muchos especialistas o técnicos, creo que lo necesario seria, clasificar los problemas según su importancia, y dedicar todas las fuerzas a siguiendo un orden, tratar de solucionarlos, esta claro que esto habrá que hacerlo, si queremos llegar a buen fin. Pero hacerlo entre todos, todos, es todos, ni blancos ni negros, ni rojos o azules, el beneficio, quizás no lo veamos nosotros, pero nuestros hijos y nietos, lo agradecerían, y podrían vivir disfrutando de lo grande y diferente que es esta piel de toro.
Esta mañana, al salir de casa, en el ascensor, me encontré con una vecina, que tras darme los buenos días me pregunta “¿Usted sabe como se podrá vivir así, la política nos tiene en un estrés continuo?”, Sali por donde pude y lo único que se me ocurre es decir, “Tras la tempestad viene la calma”, pero de aquí voy a recoger un pequeño electrodoméstico que me estaban reparando, y allí otra vez el mismo tema, “La política, los tractores, los precios” pero no queda ahí, voy a unos grandes almacenes, y en la cola para llegar a la caja, tras de mí, dos señoras o señoritas de no más de cincuenta y tantos años. El mismo tema.
Creo que es necesario que tranquilicemos un poco, efectivamente hay motivos para no ver las cosas totalmente claras, o incluso mal resueltas, pero entiendo, y suplico a quien pueda llegar esta pequeña nota, que lo necesario es que todos estemos dispuestos a empujar el barco en el mismo sentido.
Tenemos fuerzas, tenemos ganas y tenemos detrás una historia que para ellos querrían muchos pueblos.
