"La buena conciencia es la mejor almohada para dormir." (Socrates)

viernes, 22 de julio de 2016

¿Hacemos lo que queremos?



No siempre... Parece extraño, pero la voluntad decide una cosa, y al final hacemos otra.

Tenemos un día o una semana por delante. Pensamos y deseamos hacer muchas cosas. Pasa el tiempo. Constatamos que no hemos realizado muchos proyectos planeados. ¿Por qué?
El motivo es sencillo: porque no siempre hacemos lo que queremos. Parece extraño, pero la voluntad "decide" una cosa, y al final hacemos otra...
Así, habíamos planeado ir un día al mercado para comprar más barato, pero al final nos quedamos en casa para terminar un crucigrama. O decidimos levantarnos temprano el domingo para visitar a un familiar enfermo, y no lo hicimos porque nos venció el peso de las mantas.
Gracias a Dios, en otras ocasiones sí llevamos a cabo nuestros proyectos, incluso después de superar dificultades serias. Porque no es imposible que venzamos el cansancio para cumplir una promesa buena a un familiar o amigo.
¿Qué ocurre en unos casos y qué ocurre en otros? Cuando la pereza nos arrulla, cuando la ambición nos absorbe, cuando el miedo nos paraliza, cuando las presiones externas nos atan, es fácil que no hagamos lo que queremos.

Al revés, cuando el amor es fuerte y vivo, cuando la voluntad se forja con renuncias concretas y con firmezas sanas, cuando el corazón está decidido a hacer el bien cueste lo que cueste, entonces somos capaces de hacer lo que queremos.
Dicen que el infierno está tapizado de buenas intenciones, de deseos irrealizados, de voluntades débiles. Al revés, el cielo es de los esforzados y valientes (cf. Mt 11,12), de los que optan por la verdad, la justicia, el bien y la belleza.
Ante mis ojos y mi corazón empieza un nuevo día. Será un día hermoso si tengo buenos propósitos y si mi voluntad está firme. Será un día santo si me abro a Dios, si escucho su Palabra, y si dejo que ilumine y sostenga cada uno de mis proyectos y decisiones...
Por: P. Fernando Pascual LC


jueves, 21 de julio de 2016

Nostalgia de los cuartos vacíos



Se han ido con un equipaje, lleno de todo aquello que con amor les fuimos transmitiendo, en su corazón y en su mente.

Hoy Jesús, traigo nostalgia en el alma.

Hoy Jesús, mis ojos traen vaho de lágrimas, porque hay demasiado silencio en mi casa y he venido aquí para que postrándome a tus plantas sienta el consuelo de tu entrega, también de tu desprendimiento a tantas cosas con la única resolución de hacer la voluntad de tu Padre. Y me detengo un momento a pensar ...¡ cómo hiciste el corazón de la mujer, como hiciste el corazón de las madres!. Y hoy te vengo a contar todos mis pensamientos, sentimientos y nostalgias....

La mujer está en la política, en la ciencia, en la comunicación, pero su esencia de mujer no la ha de perder así como tampoco su ternura, su sensibilidad y el percibir las cosas de manera diferente al hombre. Esto tiene relación con el hecho de cómo sentimos las madres cuando los hijos se van. Los padres lo asumen de distinta manera y las horas fuera del hogar los distraen y los confortan.

Las mujeres cuando nos convertimos en madres, pasamos por etapas diferentes: la espera, los hijos pequeños, los hijos en la adolescencia, los hijos jóvenes y cuando los hijos se van. Suena esto a título de película, pero esto es lo que en estos momentos nos ocupa y atañe. Cuando los hijos se van.

Los hijos se van por diferentes motivos. Porque se casan, por el trabajo, por lo estudios, en fin, por el motivo que sea, pero llega un tiempo en que se van. Parece que aún oímos las risas, las conversaciones, las discusiones, el teclear de la máquina de escribir o de la computadora ya muy entrada la noche para entregar un trabajo al día siguiente en la Universidad. Un suéter, un zapato, varios cuadernos dejados en el sitio más inverosímil de la casa... Sus habitaciones no con el orden que hubiésemos deseado y que siempre pedimos inútilmente, el retrato del novio o de la novia... Calor y color por todas partes, ruido, música, VIDA.

La casa tuvo las habitaciones destinadas a ellos y se fueron transformando con el paso de los años. Cuartos infantiles primero: muñecos de peluche en las repisas y en el suelo, un elefante, una avestruz, una pelota, un barco, un osito, una muñeca, un avión. Después... fotografías, póster, banderines del equipo favorito, libros, revistas, etcétera. Movimiento de entradas y salidas, llamadas telefónicas de larguísimas conversaciones... En los fines de semana el vestido de noche sobre una silla y el silencio de un profundo sueño juvenil en las mañanas de los domingos.

Esos cuartos ahora están vacíos. Muy en orden, con el orden que tantas veces predicamos y que ahora nos duele. Quietos, callados. Entramos en ellos con pasos quedos, quién sabe por qué y recorremos con la vista las camas con sus colchas impecables, todos los rincones... todo está en orden, todo está bien. Levantaron el vuelo. Se fueron del nido. Se fueron del nido que los cobijó por años. Nosotros, sus padres, los enseñamos a volar y se fueron.

Van a volver pero nada será igual. Regresarán hombres y mujeres forjados en el diario vivir. Con sus vidas propias y manejadas a su manera. Están comenzando la más seria y profunda experiencia, igual que nosotros lo hicimos.

Tenemos que retirarnos de la presencia activa en sus vidas y pasar a ser la parte contemplativa de sus existencias y sus proyectos. Se han ido con un equipaje, lleno de todo aquello que con amor les fuimos transmitiendo, en su corazón y en su mente. Muchas de "esas cosas" estarán dormidas hasta que ellos sean padres... Llevan como escudo, para todos los infortunios que la vida les depare, su fe en Dios y su amor a Él. Los forjamos en el deber y en el afán de la excelencia para emprender toda clase de experiencias y sabrán dar amor porque amor les dimos.

En el abrazo se llevan nuestro corazón, pero después abrimos los brazos y los vemos partir...para que la VIDA los reciba.

Los recuerdos son de "otros tiempos". La nostalgia es el presente de los cuartos vacíos.

Por: Ma Esther De Ariño


miércoles, 20 de julio de 2016

Limitado, grande, y amado por Dios



Son tantas las señales que muestran lo mucho que Dios me ama

Soy un ser limitado. Limitado por mi cuerpo, mis fuerzas, mis debilidades, mis enfermedades, mi memoria (buena o mala). Limitado por mi historia (con sus momentos malos y sus momentos buenos). Limitado por mis miedos (que muchas veces me paralizan y me impiden salir de mí mismo).
Soy limitado... y a la vez grande, abierto a mil posibilidades. Porque tengo una inteligencia para pensar, porque tengo una voluntad para amar, porque tengo un tiempo, este “ahora” maravilloso, para decidir que mi vida sea para Dios y para los demás.
Limitado y grande, cuento además con un don infinito: el hecho de ser amado por Dios. Continuamente me busca, me mira, me alimenta, me viste, me anima, me cura, me perdona, me salva...
Un desayuno, una comida, el viento, el agua, un día de frío o de calor, la hierba que crece sin murmullo, el mirlo que me despierta por las mañanas... Son tantas las señales que muestran lo mucho que Dios me ama.
En este día sentiré mis límites: el cansancio o el miedo aparecerán continuamente bajo las cortinas. Pero también pondré en marcha mi grandeza: esa mente y ese corazón que me permiten avanzar hacia la verdad y aspirar a la justicia.

Sobre todo, en este día me abriré al inmenso y cercano Amor de Dios. Un Amor tierno, detallista, paterno, personalizado. Un Amor que me ha librado tantas veces del peligro, que me ha levantado del pecado, que me ha dado la posibilidad de llamarle con el nombre más maravilloso: Padre nuestro.......
Por: P. Fernando Pascual, L.C

martes, 19 de julio de 2016

A las fuentes del cristianismo



Cada bautizado, en cualquier lugar del mundo, está a prueba como oro en el crisol.

A lo largo de los siglos ha habido hombres y mujeres deseosos de volver a las fuentes del cristianismo. ¿Por qué? Porque la experiencia cristiana puede quedar oscurecida y adulterada entre las mil mareas que surgen en las diferentes épocas de la historia.
Además, cada corazón descubre dentro de sí las fuerzas del hombre viejo, ese modo de pensar y de comportarse que no nace de la nueva vida en Cristo, sino de las pasiones y de la mentalidad de este mundo. Esas fuerzas son capaces de anular aspectos esenciales de la fe católica.
Cristo había indicado con palabras claras cuáles son las exigencias del Evangelio: hay que renunciar a la propia vida (cf. Mt 16,24-26), no volver la vista atrás (cf. Lc 9.62), y dejarlo todo por el Reino de los cielos (cf. Mt 13,44-48).
San Pablo reprochaba a algunos de los primeros cristianos por haber abandonado a Cristo para volver a actuar según la carne: “¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado? Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en la predicación? ¿Tan insensatos sois? Comenzando por el espíritu, ¿termináis ahora en la carne?” (Ga 3,1?3).
San Pedro dirige palabras apasionadas a quienes, tras haber iniciado el buen camino, vuelven a las malas acciones de la vida pasada: “Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera. Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno»” (2Pe 2,20?22).

Lo que denuncia la Biblia vale para cada generación humana. Cada bautizado, en cualquier lugar del mundo, está a prueba como oro en el crisol (cf. Sb 3,6). Necesita vivir íntimamente unido a Cristo, en el Espíritu Santo, como parte de la Iglesia, para resistir las terribles asechanzas de Satanás (cf. 1Pe 5,8-9).
De ahí nace el deseo de estar cerca de la fuente, del manantial de aguas vivas, que viene de Cristo y se recibe en el Espíritu Santo (cf. Jn 4,10-14; Jn 7,37-39). Sólo así es posible un cristianismo auténtico, limpio, purificado, que va contra corriente y que resiste a las embestidas de un mundo que odia a los creyentes (cf. Jn 15,18-19).
Volver a Cristo, escuchar su invitación: “convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). Ese es el camino de la renovación auténtica, la que necesita cada bautizado que desea seguir al Maestro, que trabaja por ser piedra viva de la Iglesia, que suplica la gracia de las gracias: ser acogido por la misericordia que nos salva, conservar encendida la llama de la fe hasta la muerte, mientras espera el regreso definitivo del Señor: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).

Por: P. Fernando Pascual LC

lunes, 18 de julio de 2016

Confío en Ti



La Fe
La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.

Confío en Ti, porque eres completamente de fiar. Eres la misericordia sin orillas ni fronteras. Misericordia que ha perdonado, perdona y seguirá perdonando.

Cuanto necesito de esa misericordia y bondad, yo que soy tan pecador. Espero en Ti porque eres la misericordia infinita. Si yo supiera, si yo creyera que tu bondad y misericordia no tienen medida, me sentiría para siempre seguro y tranquilo. Si eres la misericordia infinita, haz que sea también infinita mi confianza.

Todo lo perdonas, aun los más horrendos pecados, si hay un poco de arrepentimiento y humildad. No cabe desesperanza en el corazón de los más grandes pecadores. El perdón de Dios siempre es mayor.

Espero en Ti porque eres fiel a tus promesas. Tú cumples siempre. El hombre casi nunca. Por eso tengo la certeza de tus promesas. Un día las disfrutaré de seguro. Mientras alimento mi esperanza.

La confianza tan necesaria...Las penas son grandes a veces y la esperanza no alcanza. Él nos ha dicho: Confiad totalmente en Mí. Nuestra mente nos dice: No saldrás del hoyo. Así piensan los que se suicidan.
Jesús dice: No os preocupéis... Nuestro refrigerador vacío, la tarjeta vencida, los pagos de la casa sin hacer, la falta de trabajo, no tienes remedio...
La mente y los ojos ven, constatan y deciden en consecuencia. No hay remedio. La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.

Realmente para Dios el resolver mis problemas es de risa. No le cuesta nada, nada. Y pensar que sólo depende de que yo haga un acto de fe y confianza. Jesús en Ti confío.
Todo lo obtendréis... Reto a cada uno de mis lectores a que tengan esta clase de fe que mueve montañas. La fe mueve montañas, sí, pero solo las que uno se atreve a mover.
Les decía que para los que no tienen trabajo, y sí muchas deudas empiecen a dar algo de lo que todavía tienen, que pidan por los más necesitados que ellos. Y se llevarán la gran sorpresa, Pero esto sólo lo harán los que tienen confianza en Dios.

Problemas de un esposo, hijo o hija que está tercamente alejado de Dios...Oren con confianza inquebrantable de que Dios les concederá la gracia pedida. Pero deben superar la gran prueba: el no ver resultados durante un tiempo o incluso el ver que la situación empeora. Confiar significa continuar orando con la misma seguridad. Y el milagro llegará. Ha llegado ya para muchos y muchas que han orado con esa confianza.

En el evangelio no hay ni un caso de enfermedad o necesidad que no haya sido atendido cuando Cristo encontró una fe como ésa. La siro fenicia, el Centurión y su siervo, la hemorroísa, el leproso...

Problemas duros: Mi hijo está en la cárcel, estoy en quiebra económica, mi matrimonio anda naufragando...alguien de mi familia se fue a otra religión, o anda muy alejado de Dios... Esas personas tienen un reto magnífico, valiente: La confianza mayor que el problema.

La misma confianza que tienes en Dios, tenla en María Santísima. "Si vosotros que sois malos dais buenas cosas a vuestros hijos.. cuanto más vuestro padre celestial..."
¿Crees que Ella no puede, crees que Ella no quiere? El amor que Ella te tiene es como para darte todas las cosas del mundo, con más razón la pequeña cosa que le pides. Problema de confianza, siempre es problema de confianza.

¿Cómo se adquiere la confianza?
Pidiéndosela a Dios y a María Santísima y ejercitándola en pequeños y repetidos actos de confianza. Confío en que me ayudarás a tener hoy qué comer, cómo pagar mis deudas, como conseguir trabajo, cómo lograr que mi hijo o hija regrese al buen camino...

Hay, además, una fórmula secreta para obtener cosas que uno necesita: y consiste en dar. Parece contradictoria pues, si no tengo, qué voy a dar. Siempre el más pobre puede dar algo de lo que tiene. Al dar algo parece empobrecerse de momento, pero hay una ley que se cumple siempre: el que da, recibe. Claro, al que no está acostumbrado a ese modo de proceder o no lo ha experimentado, le cuesta creerlo. Pero yo le reto a que haga la prueba.

Muchos y muchas de ustedes han dado un ejemplo de esto: comprometerse con una ofrenda de amor mensual sin saber si van tener. Pueden estar seguros que se cumplirá lo del profeta Elías con la viuda de Sarepta: No faltará la harina ni el aceite en tu casa hasta que Dios mande la lluvia del cielo...Y así sucedió. Los que han hecho anteriormente la experiencia, lo saben.

Dejo en tus manos, Señor, mi vida entera: Mi pasado, mi presente y mi futuro. También el día de mi muerte. Yo no sé cuándo será ni cómo pero no importa. Me importa que lo sepan las dos personas que más me aman en este mundo, Tú y tu Madre santísima que es también mía. Por eso no tengo miedo a la muerte.

Por: P. Mariano de Blas LC